Septiembre 2018
DLMMJVS
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
30 

 
¿Cuándo y cómo debemos meditar? Enviar esta meditación

Salmo 1:1-3
“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.”


En este pasaje el salmista nos habla de las bendiciones que esperan a todos aquellos que son constantes en leer la Biblia diariamente y meditar en sus enseñanzas. La segunda mitad del Salmo menciona a los que no actúan de esta manera. A ellos se refiere el salmista cuando dice: "Mas la senda de los malos perecerá." (v.6). La meditación en la Palabra de Dios es parte vital de una relación íntima con el Señor y las consiguientes bendiciones. Cuando Dios encomendó al joven Josué el liderazgo del pueblo de Israel después de la muerte de Moisés, le dijo: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.” (Josué 1:8). Josué siguió al pie de la letra las instrucciones del Señor y pudo guiar a los israelitas a la conquista y posesión de la Tierra Prometida. Considerando todo lo anterior no debe quedar duda alguna en nuestros corazones acerca de la importancia que tiene meditar en la palabra de Dios. Ahora bien, ¿cuándo y cómo debemos meditar?

Primero: Debemos crear el hábito de leer la Palabra de Dios cada día de nuestras vidas. Pero no solamente leerla sino meditar en ella, es decir reflexionar en el pasaje que estamos leyendo. Debemos preguntarnos: “¿Qué quiere decirme Dios con estas palabras?” La Biblia no es un libro cualquiera, es un manual de las instrucciones de Dios para su pueblo. A través de ella podemos conocer mejor a nuestro Padre celestial.

Segundo: Tenemos que aprender a usar la Palabra de Dios cuando oramos. Es decir, después de leer un pasaje bíblico tenemos que levantar esa palabra hacia el cielo mostrando a nuestro Padre celestial que estamos de acuerdo con lo que él dijo, y pedirle que nos ayude a ponerlo en práctica. Esta es la manera de afirmar en nosotros el mensaje de las Escrituras.

Tercero: Debemos buscar ávidamente la voluntad de Dios y someternos a ella. A medida que pasamos tiempo activamente escuchando la voz de Dios, él nos irá comunicando sus planes para nuestras vidas. En la medida que aplicamos lo que hemos escuchado la meditación se irá haciendo cada vez más instintiva en nosotros. Entonces nos daremos cuenta de que podemos escuchar su voz con claridad en esos momentos.

Cuarto: Debemos desechar todo aquello que no es agradable al Señor y aplicar su Palabra a nuestras vidas. Esto es fundamental en nuestro crecimiento espiritual. No hacemos nada con leer la Palabra de Dios si no la ponemos en práctica. El apóstol Santiago hace énfasis en este punto cuando escribe: “Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas. Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.” (Santiago 1:21, 22).

Un viejo profesor de inglés solía dar este consejo a sus estudiantes extranjeros recién llegados a los Estados Unidos: "Escuchen la radio y vean la televisión en inglés solamente. Al principio no entenderán absolutamente nada, pero si no se desaniman y persisten poco a poco, sin apenas darse cuenta, comenzarán a entender con claridad, primero unas cuantas palabras y frases, después conversaciones cortas, hasta que con el tiempo les resultará fácil entenderlo todo." Por medio de la práctica, el oído se va "afinando" y comenzará a percibir sonidos que antes no era capaz de percibir.

De igual manera sucede con el oído espiritual. A medida que dedicamos tiempo diariamente a buscar el rostro del Señor en oración, a leer su Palabra y a meditar en ella nos resultará más fácil escuchar y entender la voz de Dios. Dios tiene un mensaje especial para ti cada día. Toma el tiempo necesario para meditar en su Palabra y escuchar lo que tu Padre celestial quiere decirte.

ORACION:
Padre santo, gracias por el privilegio que me das de pasar tiempo contigo. Por favor ayúdame a entender tu mensaje y dame la fuerza y el valor para aplicarlo a mi vida en todo momento. En el nombre de Jesús, Amén.