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Josué 6:1-5
“Ahora, Jericó estaba cerrada, bien cerrada, a causa de los hijos de Israel; nadie entraba ni salía. Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra. Rodearéis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y esto haréis durante seis días. Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carnero delante del arca; y al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas. Y cuando toquen prolongadamente el cuerno de carnero, así que oigáis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá; entonces subirá el pueblo, cada uno derecho hacia adelante.”


La ciudad de Jericó era un bastión inexpugnable. Las enormes murallas que la rodeaban hacían prácticamente imposible que ejércitos enemigos pudiesen entrar en ella. Sin embargo, Dios le dice a Josué: “Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra.” No se trata, pues, de una promesa de algo que va a suceder en el futuro; es la seguridad de algo que en el mundo espiritual ya sucedió y sólo se requiere creerlo para hacerlo propio. Dios le asegura a Josué que la ciudad, su rey y su ejército, todo estaba ya bajo su poder.

Ahora bien, la estrategia de Dios para tomar Jericó no parecía tener un sentido lógico desde el punto de vista militar. Ellos tenían que rodear la ciudad durante siete días. Los sacerdotes llevarían el arca del pacto y harían sonar las bocinas. El pueblo guardaría silencio hasta que Josué, al finalizar la última vuelta del séptimo día, diese la orden a todos de gritar fuertemente. Entonces las murallas caerían. Con seguridad muchos pensaron: “¿A quién se le ocurre que una ciudad como Jericó, rodeada de tan enormes murallas pueda ser tomada dando vueltas alrededor de ella?” Sin embargo, en contra de toda lógica humana, Josué simplemente obedeció al Señor y dirigió a su pueblo conforme a estas instrucciones. Y dice la Biblia que “por la fe cayeron los muros de Jericó después de rodearlos siete días.” (Hebreos 11:30). Y por fe caerá toda muralla que el enemigo levante delante de nosotros, “porque nada hay imposible para Dios.” (Lucas 1:37). Y “si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?”, declara Romanos 8:31.

La vida de fe es locura para la mente natural, pero es precisamente el medio por el que Dios manifiesta su poder. Si tienes fe ¡el milagro sucederá! Así de simple. Tu mente dirá: “No tiene sentido.” Pero Dios te dice: “Simplemente obedece y sigue mis instrucciones. Confía en mí.” Porque “al que cree todo le es posible”, dijo Jesús en Marcos 9:23. Quizás llevas tiempo esperando esa bendición. Quién sabe cuántas vueltas has dado alrededor de tu problema. Pero no te rindas. Tal vez te encuentras dando la última vuelta. No prestes oídos a la incredulidad, al desánimo, o a cualquier sentimiento de frustración. No escuches la voz del “razonamiento lógico”. ¡Escucha la voz de Dios! Por esta razón el pueblo de Israel debía marchar en silencio, para concentrarse en el plan de Dios y no oír las palabras de crítica o desaliento de aquellos que dudaban.

En medio de tu problema alaba a Dios, dale gracias por todo y mantén tu espíritu en comunión con él. Deja que él dirija las acciones y te dé la estrategia a seguir. “Encomienda al Señor tu camino, y confía en él; y él hará”, dice el Salmo 37:5. No te impacientes, pues Dios tiene su tiempo perfecto para todo. Él pudo haber derribado las murallas de Jericó en un segundo, sin embargo decidió hacerlo en siete días. ¿Por qué? Yo no lo sé. Ni creo que nadie lo sepa. Tampoco Josué sabía el por qué, pero obedeció y fue paciente, y salió victorioso. ¿Qué hubiera sucedido si Josué se impacienta y decide llevar a cabo el quinto día las instrucciones del séptimo día? Tampoco lo sabemos, pero creo que sí podemos saber lo que no hubiera sucedido.

ORACION:
Amante Padre celestial, Dios de gloria y poder, te ruego aumentes mi fe para proclamar en alta voz que en tu nombre caerán todas las murallas que me separan de la bendición que tú tienes para mí. Ayúdame a ser paciente y a obedecer tu palabra mientras espero que tu gloria se manifieste en mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.