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¿Sientes que tu carga es muy pesada?  Enviar esta meditación

Mateo 11:28-30
"Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga."


El diccionario de la Real Academia Española define "carga" como "cosa que hace peso sobre otra" o "cosa transportada a hombros, a lomo o en cualquier vehículo." En ambos casos se refiere específicamente a cargas físicas o materiales. En el pasaje de hoy Jesús se está refiriendo más bien a una carga o peso emocional o espiritual. "Carga" en este caso se define como una "situación penosa que cansa, gasta o hace sufrir a una persona". Y a medida que las circunstancias se tornan más desfavorables y la persona lucha por librarse de ellas, generalmente sin éxito, siente que no tiene fuerzas para seguir adelante y muchas veces exclama: "¡Ya no puedo más!"

Todos aquellos que llegan a este punto en el que se sienten emocional y espiritualmente abrumados están sin duda "trabajados y cargados". A todos estos está invitando el Señor a venir a él, y les hace una promesa: "Yo os haré descansar." No se trata simplemente de un descanso físico, es algo mucho más profundo, más intenso. Se trata de un "descanso para vuestras almas." Esto es algo que no podremos lograr jamás por nosotros mismos, pues somos débiles e incapaces. Sólo existe una manera de lograrlo, y es "echando toda nuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de nosotros", como nos aconseja el apóstol Pedro en 1 Pedro 5:7.

Nuestra naturaleza carnal nos impulsa a cometer pecado y por mucho que tratemos de rechazarlo no podemos. Por eso el Señor nos dice en el pasaje de hoy: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón.” Jesús dio su vida en la cruz para liberarnos del yugo de esclavitud del pecado. Y ahora nos ofrece que llevemos su yugo para guiarnos en nuestro camino y ayudarnos con nuestras cargas de la misma manera que el buey experimentado actúa con el joven buey con el cual es enyugado.

El apóstol Pablo, quien desde su encuentro personal con Jesucristo en el camino a Damasco dedicó su vida a servir al Señor predicando el evangelio por todo el mundo, nos muestra con su propio ejemplo la terrible lucha contra la carga del pecado en su carta a los cristianos en Roma. Dice Romanos 7:18: "Yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo." Y más adelante confiesa: "Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro." (v.22-25).

Ciertamente Pablo entendió que él no era capaz de luchar contra su naturaleza carnal y pecaminosa. Sólo Jesucristo, nuestro Señor, puede librarnos de esa carga y de toda ansiedad que nos ataque. Por eso, años más tarde, estando preso en una cárcel romana, rodeado de terribles condiciones Pablo escribió a los cristianos de Filipos y les dio este consejo: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” (Filipenses 4:6-7).

Además de la promesa de Jesús en el pasaje de hoy vemos muchas en la Biblia. El Salmo 55:22 dice: "Echa sobre el Señor tus cargas y él te sustentará." Dios nos dice en Jeremías 33:3: "Clama a mí y yo te responderé." El salmista clamó en medio de su desconsuelo y después pudo exclamar: “Has cambiado mi lamento en baile; desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría.” (Salmo 30:11).

Creamos de todo corazón estas promesas del Señor y aun en tiempos de prueba, cuando nuestro camino se torne difícil, cuando ya no podamos más con nuestras cargas sentiremos su mano poderosa ayudándonos, dándonos descanso y guiándonos hacia la victoria. Trata de cambiar tu perspectiva de la vida y permite que sea el Señor quien lleve tus cargas.

ORACION:
Gracias Padre por tus palabras de aliento y esperanza. Por favor ayúdame a aplicarlas a mi vida cuando me sienta trabajado y cargado, y llena mi alma de tu paz. En el nombre de Jesús, Amén.