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¿Dedicas tiempo a leer la palabra de Dios? Enviar esta meditación

Lucas 21:37-38
“Durante el día enseñaba en el templo, pero al oscurecer salía y pasaba la noche en el monte llamado de los Olivos. Y todo el pueblo madrugaba para ir al templo a escucharle.”


En este corto pasaje llaman la atención varias frases relativas a tiempo: “durante el día”, “al oscurecer”, “la noche”, “el pueblo madrugaba”. Durante el día Jesús les enseñaba a todos en el templo acerca de Dios. Al oscurecer se retiraba en busca de la compañía de su Padre y pasaba la noche en oración. Allí refrescaba su alma y recibía la unción del Espíritu Santo y la sabiduría de Dios. Como resultado la gente sentía el poder de sus palabras y se levantaban de madrugada "para ir al templo a escucharle." Actualmente podemos "escuchar" a Jesús por medio de la lectura de la palabra de Dios.

En los tiempos actuales las tantas actividades existentes ocupan una gran parte de nuestro día, ya sea en el trabajo o en el centro de estudios o llevando a cabo otras obligaciones o compromisos. Todo esto nos resulta un obstáculo para que podamos dedicar tiempo a leer la Biblia. Ahora bien, si hacemos un esfuerzo y dedicamos tiempo diariamente a leer la Palabra de Dios y a meditar en lo que leemos recibiremos poder para enfrentarnos con éxito a las dificultades de cada día y para compartir nuestra fe con otras personas. ¡Hay poder en la palabra de Dios! Así lo declara el apóstol Pablo en su primera carta a los corintios: “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.” (1 Corintios 1:18).

2 Timoteo 3:16-17 dice que “toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” Es decir, Dios es el autor de la Biblia, inspirada conforme a su corazón y a su propia visión de lo que debe ser la imagen de aquellos que han sido adoptados como sus hijos a través de Jesucristo. Cuando buscamos de todo corazón la presencia de Dios y nos disponemos a escuchar lo que él tiene que decirnos a través de su palabra siempre encontraremos algo nuevo que aprender para nuestra edificación y nuestro crecimiento espiritual, de manera que lleguemos a estar “enteramente preparados para toda buena obra.”

En Hebreos 4:12 leemos: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.” La Palabra de Dios conforta a los afligidos pero también aflige a los confortables, es decir a aquellos que se sienten cómodos porque han llegado a la conclusión de que todo lo están haciendo bien delante de Dios y no hay nada que deban mejorar. Lo cierto es que siempre podemos mejorar nuestra vida espiritual si prestamos atención a lo que Dios nos dice por medio de su palabra y lo ponemos en práctica en nuestras vidas.

Y Efesios 6:17-18 dice: “Tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu.” En este capítulo el apóstol Pablo usa la imagen de un soldado romano para hablarnos de la “armadura de Dios” y nos exhorta a vestirnos con ella para que podamos “estar firmes contra las asechanzas del diablo.” Aquí define la palabra de Dios como “la espada del Espíritu” con la cual podemos enfrentarnos al enemigo, así como Jesús respondió a cada uno de los intentos de Satanás de tentarlo diciéndole: “Escrito está.” Y entonces le declaró palabras que habían sido escritas siglos antes por hombres inspirados por el Espíritu de Dios. (Mateo 4:1-11). Nosotros debemos seguir el ejemplo de Jesús, y enfrentarnos a la tentación con la poderosa Palabra de Dios. Para ello debemos dedicar tiempo todos los días a leerla y a meditar en lo que leemos.

Por medio de la lectura de la Biblia y la oración constante llegamos a tener un profundo conocimiento de Dios y fortalecemos nuestra fe de manera que cuando se presente una prueba ante nosotros saldremos victoriosos.

ORACION:
Padre santo, gracias por tu palabra que es viva y eficaz y tiene poder para destruir las fortalezas que se levanten en contra de tus hijos. Te ruego me ayudes a vivir en tu palabra y en tu Espíritu. En el nombre de Jesús, Amén.