Julio 2019
DLMMJVS
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
28293031 

 
¿Hasta cuando, Díos mío? Enviar esta meditación

Habacuc 2:1-3
“Sobre mi guarda estaré, y sobre la fortaleza afirmaré el pie, y velaré para ver lo que se me dirá, y qué he de responder tocante a mi queja. Y Jehová me respondió, y dijo: Escribe la visión, y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella. Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará.”


El profeta Habacuc estaba profundamente abatido por las condiciones morales y espirituales que le rodeaban, mayormente causadas por el culto que su pueblo rendía a Baal y a Astarot. La injusticia estaba a la orden del día y la corrupción iba en constante aumento (ciertamente muy similar al mundo en el que vivimos actualmente). Habacuc anhelaba ver la justicia de Dios caer sobre los impíos, los cuales constantemente quebrantaban las leyes de Dios. Por todo esto, en el capítulo anterior de lo profundo de su angustia brotó esta pregunta: “¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás?” (Habacuc 1:2). En el pasaje de hoy Habacuc se retira a su torre vigía para esperar por la respuesta de Dios. Y allí escuchó esta orden del Señor: “Escribe la visión.” Así todo aquel que la leyera podría correr a dar a conocer a todos la buena noticia.

Al igual que Habacuc, cada uno de nosotros en algún momento ha lamentado una cierta situación en nuestras vidas. Nos hemos quejado y hemos concebido la esperanza de un futuro mejor. En mayor o menor grado todos hemos tenido un sueño o un anhelo que esperamos se convierta en realidad. Quizás ese sueño está centrado en una mejor situación económica, o en alcanzar el éxito en los negocios, o en gozar de buena salud, o una carrera universitaria, o un matrimonio feliz, o cualquier otro anhelo. Cuando el tiempo pasa y no llega lo que se espera muchas personas se desesperan y tratan de lograr el cumplimiento de sus anhelos por medio de sus propios esfuerzos, o quizás se apoyan en la “suerte” para lograrlo. Otros, sin embargo, esperan confiadamente en el Señor la realización de la visión que él tiene para ellos. Para éstos, las palabras de Dios al profeta Habacuc tienen un significado extraordinario: “Espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará.”

David era un “varón conforme al corazón de Dios”, según dice 1 Samuel 13:14. Era también David un siervo fiel del Señor. Sin embargo hubo situaciones en su vida en las que se sintió desamparado, frustrado y hasta abandonado por Dios. Por ejemplo, mientras era perseguido por el rey Saúl que lo buscaba para matarlo David escribió el Salmo 13, el cual comienza de esta manera (V.1-2): “¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí? ¿Hasta cuándo pondré consejos en mi alma, con tristezas en mi corazón cada día? ¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí?” Estas y muchas otras preguntas se agolpaban en la mente de David mientras esperaba la acción de su Dios, la cual parecía no llegar nunca. Sin embargo en medio de su ansiedad él encontró ánimo al recordar el amor y la inmensa misericordia de Dios, y en el versículo 5 declara: “Mas yo en tu misericordia he confiado; mi corazón se alegrará en tu salvación.” David pasó aquella dura etapa de su vida y llegó a ser el rey de Israel, donde reinó durante cuarenta años de prosperidad económica y victorias militares siempre bajo la dirección del Señor. David aprendió a confiar y a esperar en Dios y siendo un anciano escribió en Salmo 37:7: “Guarda silencio ante Jehová, y espera en él.”

La Biblia declara en Jeremías 29:11 que Dios tiene para sus hijos "planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y una esperanza." Puedes tener la completa seguridad de que nuestro Padre celestial, en su infinito amor y sabiduría, tiene planes para ti que envuelven tus más caros anhelos. Quizás tú estás pensando hoy que la visión que tienes de tu futuro, al no verla cumplida aún nunca será una realidad. Esta enseñanza debe fortalecer tu fe y animarte a no bajar los brazos. Nunca olvides que si tu anhelo está de acuerdo al corazón de Dios, sin duda se cumplirá a su debido tiempo. Dios está preparando todas las circunstancias para convertir tu visión en una preciosa realidad. Sólo tienes que orar y esperar.

ORACION:
Padre santo, te ruego aumentes mi fe y me des paciencia para esperar el tiempo que tú tienes señalado para hacer realidad mis anhelos. Por Cristo Jesús, Amén.