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¿Puedes regocijarte siempre? Enviar esta meditación

Romanos 5:1-5
“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.”


El conocido escritor y pastor norteamericano Lloyd Ogilvie contó en una ocasión acerca de un amigo cristiano que estaba física y emocionalmente agotado debido a grandes presiones en su vida. Cuando Ogilvie le preguntó cómo estaba, él dijo sobriamente: “Bueno, está claro que el gozo no es una opción.” Ogilvie contestó: “¡Tienes razón! El gozo no es una opción. ¡Es tu responsabilidad!” Sorprendido, el amigo replicó: “Hablas del gozo como si fuera un deber.” Ogilvie replicó: “Otra vez tienes razón.” Entonces le explicó que tenemos el deber ante Dios, ante nosotros mismos y ante los demás de vencer nuestros estados de ánimo y luchar hasta alcanzar el gozo. Lo más probable es que en muchas ocasiones no podamos lograrlo por nuestras propias fuerzas, pero tenemos el poder de Dios a nuestra disposición. Cuando Jesús advirtió a sus discípulos que en el mundo encontrarían aflicción, les dijo también: “Pero confiad, yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33). En otras palabras, en medio de la prueba y la aflicción él estaría cerca para ayudarlos. Todo lo que tenían que hacer era confiar. Esta actitud de confianza en busca del poder divino es nuestra responsabilidad. Y cuando lo hacemos, seremos capaces de sentir gozo aun en medio de la prueba.

En el pasaje de hoy, el apóstol Pablo menciona varias razones por las cuales todo creyente debe sentir gozo. Tenemos paz con Dios mediante Jesucristo, tenemos acceso a la gracia y la esperanza de una gloria futura y tenemos la seguridad de que el resultado de la tribulación es paciencia, la cual a su vez refuerza el carácter y conduce a la esperanza. Varios años más tarde, encontrándose preso en una cárcel romana esperando ser ejecutado en cualquier momento, Pablo puso en práctica esta enseñanza. En una carta que escribió desde allí a la iglesia de Filipos, sabiendo que ellos estaban comenzando el camino cristiano y les esperaban días muy difíciles de peligros y persecuciones, les dice: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” (Filipenses 4:4).

Sin duda vamos a sentir tristeza cuando nos encontremos en medio de una prueba, esto es natural, pero si dejamos que la tristeza se apodere de nosotros estaremos a un paso de una depresión y luego una total desesperación cuando ya se ha perdido toda esperanza. El mismo Jesús, a pocas horas de su muerte en la cruz se sintió muy triste. Allí les dijo a sus discípulos: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte...” (Mateo 26:38). Pero el Señor conocía la fuente de gozo y de fortaleza. Y allí mismo se postró y clamó al Padre tres veces sometiendo a él su voluntad, y Dios envió un ángel para fortalecerlo (Lucas 22:43). Entonces se puso de pie listo para enfrentarse al martirio del Calvario. El autor de la carta a los Hebreos escribió lo siguiente refiriéndose a cual debe ser nuestra actitud mientras estamos en este mundo: “Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz.” (Hebreos 12:2). Nuestro Señor confió que después de la prueba vendría el gozo. Por eso hoy él puede decirte con toda autoridad: “Confía, yo he vencido al mundo.”

El gozo del cristiano es muy diferente a cualquier sentimiento terrenal porque es basado en la presencia de Cristo. Cuando buscamos su presencia, el Espíritu Santo produce su fruto en nuestras vidas y la paz y el gozo de Dios se manifiestan en medio de la más dura de las pruebas. “En tu presencia hay plenitud de gozo”, declaró David en el Salmo 16:11. Si te encuentras triste en estos momentos sólo tienes que pedir a Dios que llene tu corazón de su gozo y de su paz. Confía y tu vida cambiará totalmente.

ORACION:
Padre santo, humildemente traigo ante ti mi tristeza y mi desaliento. Te pido me llenes de tu santa presencia porque sé que en ella hay plenitud de gozo. En el nombre de Jesús, Amén.