Julio 2017
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¿Te encuentras en una situación muy difícil? Enviar esta meditación

Daniel 3:13-15
“Entonces Nabucodonosor dijo con ira y con enojo que trajesen a Sadrac, Mesac y Abed-nego. Al instante fueron traídos estos varones delante del rey. Habló Nabucodonosor y les dijo: ¿Es verdad, Sadrac, Mesac y Abed-nego, que vosotros no honráis a mi dios, ni adoráis la estatua de oro que he levantado? Ahora, pues, ¿estáis dispuestos para que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos?”


El rey Nabuconosor había mandado a construir una enorme estatua de oro con el fin de que todo el pueblo la adorara. Y todo el que no la adorare “inmediatamente será echado dentro de un horno de fuego ardiendo”, declaró el rey. (Daniel 3:6). Sadrac, Mesac y Abed-nego eran tres jóvenes judíos que habían sido bendecidos por Dios con sabiduría e inteligencia, y llegaron a ocupar puestos importantes en el gobierno de Babilonia. Esto les trajo como consecuencia la envidia y el rencor de algunos varones caldeos, los cuales los acusaron maliciosamente diciéndole al rey que ellos no adoraban la estatua de oro. (Daniel 3:12). Esto disgustó a Nabuconosor, el cual mandó a que trajesen a los jóvenes ante su presencia.

El pasaje de hoy nos cuenta el encuentro entre el rey y los jóvenes judíos. Estos se enfrentan a una situación extremadamente difícil. Tan difícil que puede costarles la vida. Dependiendo de su respuesta a la pregunta de Nabucodonosor pueden ser liberados o pueden ser echados al horno de fuego. Es muy probable que ninguno de nosotros se haya encontrado jamás ante una situación tan difícil en la que nuestras vidas dependieran de una simple respuesta que demos. ¿Qué harías tú? ¿Cuál sería tu respuesta? ¿Y cómo respondieron aquellos jóvenes al rey Nabucodonosor?

Dice la Biblia que aquellos tres jóvenes se enfrentaron valientemente al rey y le dijeron: “He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.” (Daniel 3:17-18). Hay varios aspectos a tener en cuenta en esta respuesta. Primero, ellos eran, y así lo declararon, fieles siervos de Dios. Segundo, tenían la absoluta seguridad de que Dios podía librarlos del horno de fuego ardiendo y de la mano de Nabucodonosor, si esa era su voluntad. Tercero, le aseguraron al rey que aun en el caso de que el Señor tuviera otros planes, ellos de todas maneras ni servirían a sus dioses ni adorarían la estatua de oro. Inmediatamente los jóvenes fueron echados al horno de fuego ardiendo pero allí dentro sucedieron varias cosas, y milagrosamente salieron completamente ilesos “y ni siquiera olor de fuego tenían.” (vv.23-27). El nombre de Dios fue glorificado y “el rey engrandeció a Sadrac, Mesac y Abed-nego en la provincia de Babilonia.” (v.30). ¡Victoria total y absoluta!

El primer paso de todo creyente hacia una vida de victoria es confiar en Dios, creer de todo corazón que él es todopoderoso, es decir que todo lo puede, aun aquello que para nosotros es totalmente imposible. El próximo paso es actuar movidos por esa fe inquebrantable. Sadrac, Mesac y Abed-Nego salieron victoriosos de aquella prueba porque no sólo creyeron de todo corazón que Dios podía librarlos del horno de fuego, sino que demostraron su fe enfrentándose a la muerte sin temor.

¿Te encuentras tú en una situación muy difícil? ¿Crees que no puedes solucionarla? Aplica a tu vida esta enseñanza. Confía plenamente en el poder y la fidelidad de Dios. Ten la seguridad de que el Señor te dará la victoria. Ahora bien, esto es más fácil decirlo que hacerlo. Esta seguridad sólo puede existir a través de una vida de íntima comunión con el Señor, como era el caso de los tres jóvenes judíos. Busca su rostro en oración todos los días, lee su palabra, medita en ella, ponla en práctica en tu vida. Esa seguridad y esa confianza en Dios comenzarás a sentirla a medida que el Espíritu Santo obra en tu vida.

ORACION:
Amante Padre celestial, te ruego aumentes mi fe para poder actuar sin temor, confiando en que tú estás en control y me darás la victoria. Así lo declaro en el nombre de Jesucristo, Amén.