Julio 2017
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¿Tienes que ver para creer? Enviar esta meditación

Juan 20:24-29
“Tomás, uno de los doce, llamado el Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. Entonces los otros discípulos le decían: ¡Hemos visto al Señor! Pero él les dijo: Si no veo en sus manos la señal de los clavos, y meto el dedo en el lugar de los clavos, y pongo la mano en su costado, no creeré. Ocho días después, sus discípulos estaban otra vez dentro, y Tomás con ellos. Y estando las puertas cerradas, Jesús vino y se puso en medio de ellos, y dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Acerca aquí tu dedo, y mira mis manos; extiende aquí tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Respondió Tomás y le dijo: ¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo: ¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que no vieron, y sin embargo creyeron.”


Una de las características más comunes en los seres humanos es la tendencia a creer solamente aquello que pueden ver o palpar con sus manos. Por eso es que hay tantas personas que no están interesadas en lo espiritual, porque lo espiritual no se puede ver sino que hay que creerlo sin verlo. Tomás, sin duda, reaccionó de una manera muy normal cuando dijo: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos, y meto el dedo en el lugar de los clavos, y pongo la mano en su costado, no creeré.” O sea: “Tengo que ver para creer.”

A pesar de que Jesús había hablado muchas veces a sus discípulos acerca de su muerte y posterior resurrección, considerando las reacciones de ellos en el proceso del arresto del Señor hasta que fue clavado en la cruz y después sepultado en la tumba, podemos asegurar que no habían creído de todo corazón lo que Jesús les había dicho. La Biblia dice que cuando Jesús fue arrestado en Getsemaní, “todos los discípulos, dejándole, huyeron.” (Marcos 14:50). Ellos dieron por hecho que al morir su líder todo había terminado; entonces se escondieron por temor a los judíos. No fue hasta después de la resurrección, a medida que Jesús fue apareciendo ante ellos, que finalmente entendieron todo lo que él les había dicho. Entonces creyeron. Por eso Jesús le dice a Tomás: “¿Porque me has visto has creído?”

A nosotros nos ha tocado vivir en una época más difícil que a los discípulos en el sentido de que ya Jesús no está físicamente entre nosotros. Ellos tuvieron la oportunidad de convivir con el Señor por tres años, fueron testigos presenciales de tantos de sus milagros, escucharon de sus labios sus enseñanzas y sus profecías, y aún así no creyeron hasta que lo vieron después de su resurrección y comprobaron que efectivamente era él resucitado. Por eso Jesús se refiere a nosotros, los que ahora hemos creído, de la siguiente manera: “Dichosos los que no vieron, y sin embargo creyeron.”

El apóstol Pablo afirma en su segunda carta a los corintios: “Por fe andamos, no por vista.” (2 Corintios 5:7). Esto es exactamente creer sin ver, andar no de acuerdo a lo que vemos o escuchamos, sino andar conforme a lo que dice la Palabra de Dios. Creer de todo corazón, aún en aquellas ocasiones en las que lo que el Señor nos dice que esperemos, es totalmente lo opuesto a lo que nos dicen nuestros sentidos. Esto es fe, “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” (Hebreos 11:1).

Nuestro Padre celestial espera que creamos lo que él nos ha dicho, aunque aún no lo hayamos visto. Muchas veces actuamos de manera totalmente opuesta y le exigimos a Dios, como Tomás: “Muéstrame tal cosa y entonces creeré.” Pero Dios nos dice: “Cree y entonces la verás.” Estando Lázaro muerto en la tumba después de cuatro días, Jesús le dijo a Marta: “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” (Juan 11:40). Unos minutos después Marta pudo ver a su hermano salir caminando de la tumba.

¿Tienes problemas de incredulidad? ¿Es tu fe muy débil y no puedes creer si no ves? Hazte el propósito de leer la Biblia y tener un tiempo de oración todos los días. La Palabra de Dios dice: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.” (Romanos 10:17). Si lo haces de esta manera poco a poco tu fe irá creciendo, y llegará el momento en que te será posible creer sin ver. Entonces verás la gloria de Dios.

ORACION:
Padre santo, te ruego aumentes mi fe para poder creer sin tener necesidad de ver, conforme a lo que me dice tu Palabra. Ahora mismo yo declaro que tus promesas son una realidad en mi vida y en la de mi familia. En el nombre de Jesús, Amén.