Julio 2017
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Romanos 15:4
“Porque todo lo que fue escrito en tiempos pasados, para nuestra enseñanza se escribió, a fin de que por medio de la paciencia y del consuelo de las Escrituras tengamos esperanza.”


Las palabras habladas se pueden olvidar o se pueden modificar cuando se repiten. Sin embargo las palabras escritas no dependen de la memoria y no se pueden cambiar ni ignorar fácilmente. Por eso se da tanta importancia a poner en “blanco y negro” los acuerdos o contratos a los que dos o más partes han llegado después de un cierto tiempo de negociaciones. De esta manera hay la seguridad de que lo acordado no estará sujeto a cambios.

Dios conoce la importancia que tiene escribir sus palabras para las futuras generaciones. En el Antiguo Testamento, cuando el Señor habló al pueblo de Israel, dijo a sus profetas que escribiesen lo que él les había mostrado. Por ejemplo, después de haber derrotado a Amalec y su ejército en Refidim, Dios le dijo a Moisés: “Escribe esto para memoria en un libro, y di a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo.” (Exodo 17:4). Esto quedaría escrito para que, de generación en generación, todos supieran lo que les esperaba a los enemigos del pueblo de Dios.

En Jeremías 36:2-3 Dios le dice al profeta: “Toma un rollo de libro, y escribe en él todas las palabras que te he hablado contra Israel y contra Judá, y contra todas las naciones, desde el día que comencé a hablarte, desde los días de Josías hasta hoy. Quizá oiga la casa de Judá todo el mal que yo pienso hacerles, y se arrepienta cada uno de su mal camino, y yo perdonaré su maldad y su pecado.” En esta ocasión, lo escrito fue una fuerte advertencia contra el rebelde pueblo de Israel, y el Señor les está dando una oportunidad de arrepentirse y cambiar la dirección que llevaban. Entonces él perdonaría su maldad y su pecado.

El profeta Habacuc se quejaba con Dios por la maldad del mundo y la aparente indiferencia del Señor ante los abusos cometidos por los impíos sobre los justos. Mientras esperaba la respuesta a su queja, el profeta declaró: “Velaré para ver lo que se me dirá.” (Habacuc 2:1). Entonces Dios le mostró una visión de lo que sucedería más adelante, y le dijo: “Escribe la visión, y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella.” Habacuc obedeció y a través de los siglos hasta nuestros tiempos ha permanecido esta palabra escrita.

También Dios le mostró al profeta Isaías una clara visión del futuro, e igualmente le mandó a que escribiera para las futuras generaciones lo que él había visto. Dios le dijo: “Ve, pues, ahora, y escribe esta visión en una tabla delante de ellos, y regístrala en un libro, para que quede hasta el día postrero, eternamente y para siempre.” (Isaías 30:8-9).

En el Nuevo Testamento, leemos en 2 Timoteo 3:16 que “toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” También el pasaje de hoy dice que todo lo que está escrito en la Biblia es para nuestra enseñanza a fin de que aprendamos a tener paciencia, y que por medio del consuelo que encontremos en esta santa palabra “tengamos esperanza.”

Jesús les dijo a sus discípulos: “El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.” (Juan 6:63). Cuando leemos la Biblia, no estamos leyendo un libro cualquiera. Es la Palabra de Dios, “viva y eficaz” (Hebreos 4:12), es el Espíritu Santo hablándonos y haciéndonos “ver” la voluntad de Dios, sus respuestas a nuestras preguntas, sus enseñanzas, sus instrucciones para que vivamos una vida de victoria y de esperanza.

¿Quieres realmente ver lo que Dios tiene que decirte? Busca el rostro del Señor en oración diariamente, escudriña su Palabra en busca de vida y esperanza, mantente como Habacuc firme y velando “para ver lo que se te dirá.” Y recibirás la respuesta que estás esperando de una forma clara y precisa.

ORACION:
Amante Padre celestial, te doy gracias por tu Palabra porque es espíritu y es vida. Por favor dame un oído fino y una visión clara para escuchar y ver lo que tú quieres enseñarme. En el nombre de Jesús, Amén.