Julio 2017
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¿Qué haces para consolar al que sufre? Enviar esta meditación

Job 13:1-13
“He aquí que todas estas cosas han visto mis ojos, y oído y entendido mis oídos. Como vosotros lo sabéis, lo sé yo; no soy menos que vosotros. Mas yo hablaría con el Todopoderoso, y querría razonar con Dios. Porque ciertamente vosotros sois fraguadores de mentira; sois todos vosotros médicos nulos. Ojalá callarais por completo, porque esto os fuera sabiduría. Oíd ahora mi razonamiento, y estad atentos a los argumentos de mis labios. ¿Hablaréis iniquidad por Dios? ¿Hablaréis por él engaño? ¿Haréis acepción de personas a su favor? ¿Contenderéis vosotros por Dios? ¿Sería bueno que él os escudriñase? ¿Os burlaréis de él como quien se burla de algún hombre? El os reprochará de seguro, si solapadamente hacéis acepción de personas. De cierto su alteza os habría de espantar, y su pavor habría de caer sobre vosotros. Vuestras máximas son refranes de ceniza, y vuestros baluartes son baluartes de lodo. Escuchadme, y hablaré yo, y que me venga después lo que viniere.”


De todos es conocida la historia de Job, sus aflicciones, sus sufrimientos, la desgracia tan grande que cayó sobre su vida. En un período de varias semanas Job perdió todas sus propiedades, murieron todos sus hijos, y hasta perdió su salud, pues fue infectado con “una sarna maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza”, dice Job 2:7. Y en medio de su dolor y de su angustia hasta su propia esposa llegó a decirle: “Maldice a Dios, y muérete.” (Job 2:9). Esta situación llegó a oídos de tres amigos de Job, los cuales convinieron “en venir juntos para condolerse de él y para consolarle.” (Job 2:11). Sin embargo, estos amigos comenzaron a recriminar a Job, prácticamente culpándolo de todo el mal que había caído sobre él, el cual según ellos era producto de su pecado. El pasaje de hoy nos habla de la reacción de Job ante esta actitud tan negativa de parte de sus amigos. Aquí les dice: “Ciertamente vosotros sois fraguadores de mentira; sois todos vosotros médicos nulos.” En lugar de consolarlo, sus amigos no hicieron más que aumentar su dolor.

El escritor Joe Bayly, quien sufrió la pérdida de tres de sus hijos, describió dos ejemplos de consuelo que recibió en su profundo dolor: “Una persona vino y me habló de cómo Dios trata con la gente, de por qué sucedió, de la esperanza que hay más allá de la tumba. Habló constantemente y dijo cosas que yo sabía eran verdad, pero no me conmovió, al contrario deseaba que se fuera. Otra persona vino y se sentó junto a mí. No habló, no hizo preguntas, simplemente se sentó a mi lado durante más de una hora. Me escuchaba cuando yo decía algo, contestaba brevemente; finalmente oró con sencillez, me abrazó cariñosamente y se fue. Eso sí me conmovió. Sentí consuelo en medio de mi dolor. No quería que se fuera.”

Job experimentó emociones similares. En su aflicción, él también hubiera preferido silencio de parte de sus amigos. Por eso les dijo: “Ojalá callarais por completo, porque esto os fuera sabiduría.” También el apóstol Pablo sufrió todo tipo de aflicciones, y experimentó el consuelo de otros, al igual que fue portador de consuelo para muchos que sufrían. Por eso pudo escribir: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.” (2 Corintios 1:3-4).

Seamos sabios al consolar a aquellos que están pasando por momentos de sufrimiento en sus vidas. En ocasiones, unas palabras de aliento pueden ser de bendición para ellos; en otras ocasiones es preferible callar y simplemente mostrarles nuestro apoyo y nuestro amor. Pidamos al Dios de toda consolación que nos capacite para consolar y su Santo Espíritu, el Consolador, nos moverá a hacer exactamente lo que esa persona necesita en ese momento.

ORACION:
Padre de amor y de misericordia, Dios de toda consolación, hazme un instrumento tuyo, oh Señor, para llevar a aquellos que sufren el aliento y el consuelo que sólo tú puedes dar. En el nombre de Jesús, Amén.