Julio 2017
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¿Qué hacer cuando estamos angustiados? Enviar esta meditación

Salmo 31:9-16
“Ten misericordia de mí, oh Señor, porque estoy en angustia; se han consumido de tristeza mis ojos, mi alma también y mi cuerpo. Porque mi vida se va gastando de dolor, y mis años de suspirar; se agotan mis fuerzas a causa de mi iniquidad, y mis huesos se han consumido. De todos mis enemigos soy objeto de oprobio, y de mis vecinos mucho más, y el horror de mis conocidos; los que me ven fuera huyen de mí. He sido olvidado de su corazón como un muerto; he venido a ser como un vaso quebrado. Porque oigo la calumnia de muchos; el miedo me asalta por todas partes, mientras consultan juntos contra mí e idean quitarme la vida. Mas yo en ti confío, oh Señor; digo: Tú eres mi Dios. En tu mano están mis tiempos; líbrame de la mano de mis enemigos y de mis perseguidores. Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo; sálvame por tu misericordia.”


¿Cuántas veces nos hemos encontrado en una situación similar a la que David describe en este Salmo? Angustia, tristeza, dolor, miedo. ¿Cuántas veces hemos sido víctimas de calumnias y objeto de oprobio? ¿Cuántas veces hemos sentido que no tenemos fuerzas, ni ánimo, ni deseos de seguir luchando? “Se agotan mis fuerzas, y mis huesos se han consumido”, se lamenta el salmista en medio de su frustración. A medida que los años se acumulan sobre nosotros, vemos con más claridad que situaciones como ésta, lejos de ser excepciones en la vida de una persona tienden a formar parte de su existencia con relativa frecuencia. ¿Qué hacer entonces?

“Mas yo en ti confío, oh Señor”, afirma David. Y después declara: “En tu mano están mis tiempos.” En momentos de angustia y dolor como estos, la única fuente de seguridad, de apoyo y de socorro es nuestro Padre celestial. En ese Dios todopoderoso estuvo fundado el consuelo y la fortaleza que David necesitaba. En las manos del Señor estaban sus tiempos, es decir él sabía que Dios tenía el control de su vida, de su presente y de su futuro. Una vez nosotros creemos esto de todo corazón nos resulta más fácil venir a Dios en busca de ayuda.

¿Te sientes en estos momentos como el salmista? ¿Estás pasando por momentos muy difíciles? Recuerda que en las manos de Dios están tus tiempos. Él sabe exactamente lo que te espera más adelante, y te ama tanto que desea lo mejor para ti. Pero a veces se requieren ciertos cambios en nuestras vidas que resultan dolorosos. Tan dolorosos como cualquier operación quirúrgica por medio de la cual esperamos obtener la sanidad que deseamos. Siempre hay un buen propósito detrás del dolor y la angustia de un hijo o una hija de Dios. Su Hijo Jesucristo ha sido el ejemplo perfecto de sufrimiento con el fin de ofrecer lo mejor que existe en esta vida: la salvación de nuestras almas, y con ella un lugar eterno en el cielo.

Si pudieras ver el propósito de tu dolor y sufrimiento desde el punto de vista de Dios le alabarías con todo tu corazón. Esto es precisamente fe, tener la certeza, en medio de la prueba, de que algo bueno te espera, aunque no lo puedas ver, simplemente porque sabes que Dios quiere lo mejor para ti. Por eso David dijo: “Mas yo en ti confío, oh Señor.” Espera confiadamente en el Señor. Las mejores cosas que llegan a nuestras vidas no son las que se producen porque nos salimos con la nuestra, sino porque dejamos que Dios se salga con la suya. Aunque el camino de la prueba, la tribulación y la tristeza a menudo parece duro y cruel, si ponemos nuestra confianza en Dios al final encontraremos lo mejor para nosotros. Nunca olvides que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”, dice Romanos 8:28. El propósito de Dios siempre, pon atención, siempre es bueno para aquellos que le aman y que le buscan día tras día.

Cree esto de todo corazón y aférrate a esta promesa. Dios jamás quedará mal contigo. Si te resulta difícil creerlo y no encuentras paz en medio de la prueba hazte el propósito de acercarte más al Señor y conocerlo mejor. Busca su rostro en oración cada día y medita en su Palabra. Su paz y su consuelo inundarán tu alma.

ORACION:
Padre santo, te doy gracias por darme la seguridad de que en momentos difíciles de mi vida puedo acercarme a ti en busca del oportuno socorro. Aumenta mi fe para no dudar un solo instante que todo lo que pase en mi vida, bueno o malo, tendrá un buen resultado para mí porque en tu mano están mis tiempos. En el nombre de Jesús. Amén.