Julio 2017
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¿Estás alimentando bien tu alma? Enviar esta meditación

Salmo 119:113-117
“Aborrezco a los hombres hipócritas; mas amo tu ley. Mi escondedero y mi escudo eres tú; en tu palabra he esperado. Apartaos de mí, malignos, pues yo guardaré los mandamientos de mi Dios. Susténtame conforme a tu palabra, y viviré; y no quede yo avergonzado de mi esperanza. Sosténme, y seré salvo, y me regocijaré siempre en tus estatutos.”


A un pastor ya anciano le preguntaron una vez cuál era su versículo favorito en la Biblia. El dijo: “Me vienen a la mente por lo menos una docena. Depende de las circunstancias. Al igual que en días lluviosos deseo una capa, en días fríos deseo sentarme en un lugar soleado y en días calurosos deseo estar bajo la sombra de un árbol. Si tengo hambre, bien podría desear una lluvia de maná del cielo o si estoy sediento un vaso de agua fría. Puede que en alguna situación desee una espada. O si estoy cansado, quizás desee una cama para descansar. En fin, tantas y tan diferentes pueden ser las necesidades. Y asimismo las maneras de satisfacerlas.”

Cada situación imaginable en la vida está reflejada en la Biblia, con su correspondiente enseñanza. De esta manera inspiró Dios, por medio de su Santo Espíritu, a los hombres y mujeres que la escribieron. Así lo afirma 2 Timoteo 3:16: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” La Biblia es un manual completo de instrucciones para vivir una vida de victoria en este mundo lleno de calamidades, pruebas, sufrimientos y tentaciones que tienden a afectarnos negativamente. La Palabra de Dios es sustento para el alma y dirección para nuestros pasos. Así dice el pasaje de hoy: “Susténtame conforme a tu palabra, y viviré.”

Al igual que para mantener una buena salud física es necesario que nos alimentemos debidamente cada día, en el aspecto espiritual necesitamos alimentarnos diariamente por medio de esta santa palabra que es nuestro sustento. En su primera carta a los corintios, el apóstol Pablo les dice lo siguiente en relación a su alimentación espiritual: “De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?” (1 Corintios 3:1-3). Aquí Pablo les reprocha su falta de crecimiento espiritual comparándolos con niños de pecho, pues no podían comer “alimento sólido” debido a su inmadurez. A nuestro Padre celestial le agrada ver a sus hijos crecer espiritualmente, y para ello nos provee del alimento necesario por medio de su Palabra y de la ayuda necesaria a través de su Santo Espíritu. Depende de cada uno de nosotros el hacer uso de estos medios para nuestro crecimiento espiritual.

Es necesario que entendamos la imperiosa necesidad de alimentar nuestras almas diariamente por medio de la lectura de la Biblia. Cuando Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto (Mateo capítulo 4), después de cuarenta días sin comer vino a él el tentador y le dijo: “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.” Y Jesús le respondió: “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” Se estaba refiriendo el Señor a las palabras dichas por Moisés al pueblo de Israel muchos siglos antes (Deuteronomio 8:3), cuando les estaba entregando los Diez Mandamientos y las instrucciones de parte de Dios en relación al comportamiento que el Señor esperaba de ellos una vez poseyeran la tierra que él les había prometido. Aquí podemos ver la importancia que tiene para nuestro Padre celestial el que sus hijos alimenten sus almas con su santa palabra.

Una vida espiritual saludable requiere que escudriñemos la Palabra de Dios, meditemos en ella y pasemos tiempo en oración todos los días de nuestras vidas. Hazte el firme propósito de hacerlo cada día y experimentarás crecimiento espiritual y un profundo conocimiento del Señor.

ORACION:
Padre santo, gracias por tu palabra que es alimento para mi alma. Te ruego pongas en mi corazón un ferviente deseo de escudriñarla y meditar en ella cada día de mi vida, y sobretodo de obedecerla al pie de la letra. En el nombre de Jesús, Amén.