Dios te habla
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¿Estás disfrutando de tu relación con el Señor? Enviar esta meditación

Salmo 34:8-10
“Gustad, y ved que es bueno el Señor; dichoso el hombre que confía en él. Temed al Señor, vosotros sus santos, pues nada falta a los que le temen. Los leoncillos necesitan, y tienen hambre; pero los que buscan al Señor no tendrán falta de ningún bien.”


La Biblia está llena de versículos que nos exhortan a que disfrutemos de nuestra relación con el Señor. Nuestro Dios, quien creó al mundo y que es el dueño de todo el Universo, quiere que hallemos placer en nuestra comunión con él. Su Palabra nos dice que él “nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos.” (1 Timoteo 6:17). Pero lo más importante que Dios nos ha dado para que disfrutemos es él mismo. En Juan 10:10 Jesús nos dice: "Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia." Nuestro Señor dio su vida para que nosotros pudiésemos disfrutar plenamente de nuestras vidas a través de una relación con él. Cientos de años antes de su muerte en la cruz, el salmista lo declaró de la siguiente manera: “Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre.” (Salmo 16:11).

Lo más importante para llegar a tener una íntima relación con Dios es la seguridad de que él nos acepta tal y como somos. Él conoce todos nuestros defectos y debilidades, sin embargo cuando recibimos a Jesucristo como nuestro salvador somos adoptados como sus hijos, dice Gálatas 4:5. Y a continuación dice: “Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.” Es decir, ahora tenemos el enorme privilegio de acercarnos al Dios del Universo como sus hijos que somos y disfrutar de su santa presencia. ¿Estás tú experimentando el gozo y la libertad que surgen de saber que Dios te acepta y te ama incondicionalmente? Si no es así, considera los siguientes factores que pueden estar impidiendo que disfrutes de ese gozo:

El pecado. El pecado nos separa de Dios, y por lo tanto nos impide disfrutar de su presencia. Pero en su infinita misericordia el Señor ha provisto una salida a esta situación. La Biblia dice en 1 Juan 1:9 que “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” Si has cometido algún pecado, arrepiéntete de corazón y confiésalo delante del Señor y él te perdonará. De esta manera restableces tu comunión con él.

La falta de conocimiento. No podemos tener una íntima comunión con el Señor si no le conocemos. Podemos llegar a conocer a Dios si diariamente pasamos tiempo en oración y leemos la Biblia y meditamos en ella. De esta manera sabremos qué espera Dios de nosotros, y lo que debemos hacer para agradarle y lo que no debemos hacer porque puede contristar su Santo Espíritu.

El temor a Dios. Satanás quiere que le tengamos miedo a Dios para que vacilemos en nuestra relación con él. Pero no debemos tener miedo a nuestro Padre celestial, porque él nos ama incondicionalmente, de tal manera que dio a su único Hijo por salvarnos de la condenación eterna. El pasaje de hoy nos dice: “Temed al Señor”, pero esto no significa “tened miedo al Señor”, sino se trata más bien de reverencia y respeto absoluto a Aquel que nos rescató, que nos incorporó a su familia y que tiene nuestro futuro asegurado en sus manos.

La falta de fe. La Biblia dice que “sin fe es imposible agradar a Dios.” (Hebreos 11:6). Es decir, no podemos tener una buena relación con el Señor si no tenemos fe. Y Romanos 10:17 dice que “la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.” Así es que cada día de tu vida lee la Biblia, que es la palabra de Dios, y ora pidiendo al Señor que aumente tu fe y te dé discernimiento espiritual para entender su palabra. A medida que pongas en práctica lo que aprendes irás entablando una relación íntima con tu Padre celestial.

Medita en estas cosas y otras que pueden estar afectando tu comunión con el Señor, y por lo tanto limitando el gozo que tu Padre celestial desea que tú sientas en su compañía, y rechaza todo lo que pueda ser un obstáculo para que disfrutes de ese gozo.

ORACION:
Mi amante Padre que estás en los cielos, gracias por tu deseo de que tus hijos disfruten de tu compañía y por el gozo que proviene de tu Santo Espíritu. Ayúdame a rechazar todo aquello que afecta negativamente mi comunión contigo. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.