Junio 2019
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¿De qué depende tu felicidad? Enviar esta meditación

Salmo 4:6-7
“Muchos son los que dicen: ¿Quién nos mostrará el bien? Alza sobre nosotros, oh Jehová, la luz de tu rostro. Tú diste alegría a mi corazón mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto.”


La búsqueda de la felicidad es sin duda uno de los desafíos más grandes, si no el mayor, a los que se enfrenta toda persona durante su vida. El ser humano no se siente totalmente feliz mientras le falte algo que él considera que debe tener, ya sea en el aspecto material, emocional o espiritual. Por eso muchas personas se pasan toda la vida buscando “eso” que les falta, y cuando lo encuentran se dan cuenta que todavía no son lo felices que esperaban ser. Y, mientras tanto, en el proceso se encuentran circunstancias tanto positivas como negativas las cuales los llevan de arriba a abajo en el aspecto emocional.

Los sicólogos (que se habían centrado siempre en la curación y el alivio de las enfermedades mentales) comenzaron hace unos años el estudio de las personas normales y su potencial para la alegría, el gozo y la realización personal. David Lykken, profesor emérito de la Universidad de Minnesota, ha elaborado lo que él llama “La teoría del punto de felicidad”. Él llegó a la conclusión de que la mayoría de las personas regresan a su nivel anterior de felicidad de seis meses a un año después de acontecimientos dramáticos como la tristeza por perder a un ser querido o la emoción de mudarse a la casa soñada. Lykken llama a ese punto de referencia original el “punto de felicidad”.

En el cristiano el “punto de felicidad” es muy diferente al del mundo, pues no depende de los altibajos normales de la experiencia humana. La Biblia nos dice que busquemos nuestra felicidad en el Dios inmutable y no en nuestras variables e inciertas circunstancias. En el pasaje de hoy David alaba a Dios diciéndole: “Tú diste alegría a mi corazón mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto.” Esta “alegría en el corazón” es muy diferente y mucho más profunda que la sensación de bienestar que proviene de las circunstancias favorables. Se refiere al gozo que proviene del Espíritu de Dios, el cual no depende de si nos va bien o nos va mal, sino que está relacionado exclusivamente con la presencia de Dios en nuestras vidas. Así lo declara David en el Salmo 16:11 “En tu presencia hay plenitud de gozo.” Nosotros tendremos la misma experiencia que el salmista cuando dejemos de decir: “Yo sería feliz si...” y empecemos a declarar: “Yo soy feliz porque mi Padre celestial siempre está conmigo.” El gozo que se basa en el amor y la misericordia de nuestro Dios, independientemente de nuestras circunstancias, debería ser nuestro constante “punto de felicidad”.

El apóstol Pablo llegó a conocer el secreto de la verdadera felicidad, la que se siente lo mismo en la escasez que en la abundancia, cuando falta algo o cuando algo sobra. En su carta a los filipenses les dijo: “En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad. No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.” (Filipenses 4:10-12). Y entonces completa el pensamiento con el secreto de su constante gozo y felicidad: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (Filipenses 4:13).

Si estás pasando por momentos de tristeza, rechaza de tu vida todo aquello que sabes no agrada a tu Padre celestial, acércate más al Señor, alábale, clama a él, pídele que derrame la unción restauradora de su Espíritu en tu espíritu quebrantado. Mantente firme en tu relación con Dios y pronto comenzarás a sentir su paz y su gozo inundando tu corazón.

ORACION:
Mi bendito Padre, ayúdame a entender que tú eres la fuente de todo lo que yo necesito en la vida para ser feliz. Yo rechazo todo intento del enemigo de confundirme con las cosas del mundo, y declaro que tu presencia llena mi vida de paz y de gozo. Por Cristo Jesús, Amén.