Junio 2019
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¿Estás representando bien al Señor? Enviar esta meditación

2 Corintios 5:17-21
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.”


En este pasaje, el apóstol Pablo les dice a los cristianos de Corinto que Dios nos ha dado “el ministerio de la reconciliación” a todos los que hemos creído en Jesucristo como nuestro Salvador. O sea “somos embajadores en nombre de Cristo.” El diccionario de la Real Academia Española define la palabra “embajador” como “Diplomático que representa al Estado que lo nombra.” Otra acepción es: “Persona, entidad o cosa que por ser característico de un lugar o país, se considera representativo de ellos.” Es decir, ambos significados denotan que un embajador debe mostrar características similares a aquello que representan. Un diplomático debe expresar fielmente la política de su país ante las demás naciones del mundo. Y cuando este término se aplica a una persona o entidad de un cierto país igualmente sus características deben representar con la mayor exactitud posible aquellas cualidades de su país de origen. La pregunta es: “¿Estamos representando bien a nuestro Señor?”

Lo primero que leemos en el pasaje de hoy es que aquel en el cual vive Cristo es “una nueva criatura.” Para él todo lo viejo ha pasado. La vida anterior ha muerto, las viejas costumbres ya no existen, la anterior manera de pensar ha sido transformada, las cosas que antes eran “importantes” ahora se tienen “por basura, para ganar a Cristo”, como dijo Pablo en Filipenses 3:8. Mira tu interior, medita en tus acciones. ¿Ha habido un cambio profundo en tu forma de pensar y de actuar desde que aceptaste a Jesucristo como tu salvador? ¿Eres realmente una “nueva criatura”? Este es el primer requisito para ser embajador de Cristo. Lo conseguimos por medio de un proceso de acercamiento al Señor en el cual nos reunimos diariamente con él, y pasamos tiempo de comunión leyendo la Biblia, meditando en ella y orando. De esta manera conocemos cada vez más sus principios y preceptos, y el Espíritu Santo va tomando control de nuestro ser. Cuando seguimos y obedecemos fielmente sus instrucciones, entonces llegaremos a parecernos a Jesús.

De la condición de embajador de Jesucristo nace también la conciencia de la autoridad, la cual Pablo define perfectamente al decir “en nombre de Cristo.” Cuando Pablo tiene que exhortar, mandar o prohibir lo hace consciente de estar investido de la autoridad misma del Señor, la cual le fue dada “para edificación, y no para destrucción”, según nos dice en 2 Corintios 13:10. De igual manera el Señor nos ha revestido de autoridad y poder para llevar a cabo su encomienda, al igual que lo hizo con aquellos setenta a los que envió a predicar el evangelio, a los cuales dijo: “He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.” (Lucas 10:19).

Así es que, si has aceptado a Jesucristo como Salvador y Señor tienes el título de “Embajador de Dios en nombre de Cristo”, tienes las instrucciones escritas en su Palabra y tienes la autoridad y el poder para llevarlas a cabo. Depende solamente de ti hacer buen uso de este enorme privilegio y representar al Señor dignamente donde quiera que te encuentres.

ORACION:
Bendito Dios, es mi deseo servirte y representarte de manera tal que tu nombre sea glorificado. Pero reconozco que con mis propias fuerzas es imposible que yo pueda hacerlo. Por favor, capacítame para que yo pueda representarte honrosamente con mi testimonio en todo momento. En el nombre de Jesús, Amén.