Junio 2019
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¿Has nacido de nuevo? Enviar esta meditación

Juan 3:1-7
“Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.”


Cuenta este pasaje que en una ocasión, siendo de noche, un hombre llamado Nicodemo se acercó a Jesús. Este hombre era un fariseo, principal entre los judíos, miembro del Sanedrín, el cual era además reconocido como un gran maestro entre su pueblo. Como judío, Nicodemo esperaba a un Mesías que viniese a liberar a Israel del yugo del imperio romano y estableciera su reino sobre la tierra, donde el pueblo judío sería el primero entre las naciones y todos sus enemigos serían destruidos. Los fariseos se habían declarado contrarios a Jesús y sus enseñanzas y muchos buscaban eliminarlo. Sin embargo, Nicodemo estaba muy intrigado por los milagros de Jesús y la autoridad con que él hablaba. Él reconocía que había venido de parte de Dios por las señales que hacía y aceptaba que era un maestro por sus grandes conocimientos de las Escrituras. Pero, “¿habrá algo más en este hombre?”, se preguntaba constantemente.

Jesús, reconociendo en el corazón de Nicodemo un genuino deseo de conocer la verdad, le respondió de una manera que lo dejó estupefacto. “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”, le dijo. “Nacer de nuevo” no es una frase fácil de entender, mucho menos en aquellos tiempos en los que este concepto espiritual era totalmente desconocido. Es una descripción idónea del proceso que se lleva a cabo en nosotros cuando aceptamos a Jesucristo como nuestro Salvador y Señor. No se trata simplemente de un cambio en la manera de ser o en la forma de hablar, más bien el viejo estilo de vida termina y comienza una nueva vida en el Espíritu que es completamente diferente. Por consiguiente tiene sentido decir que hemos “nacido de nuevo.” Así les dijo el apóstol Pablo a los cristianos de Éfeso: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados.” (Efesios 2:1). Esto significa que ya no somos aquellos que una vez vivimos en tinieblas y en pecado, sino más bien una nueva creación que existe para la gloria de Dios. De esta manera lo describe Pablo en 2 Corintios 5:17: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”

Es muy importante que entiendas el profundo significado de la enseñanza de Jesús a Nicodemo. El propósito de Dios no es simplemente que cambies en algunos aspectos. Es su deseo rehacerte totalmente. En esto hay una gran diferencia. El viejo “yo” muere en este proceso y la vida de Cristo se manifiesta en su lugar. Pablo da testimonio de esto en su carta a los Gálatas al declarar: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gálatas 2:20).

Cuando aceptamos a Jesucristo como nuestro salvador el Espíritu Santo viene a morar en nosotros y así comienza este proceso de morir a la carne y nacer de nuevo en el Espíritu. Somete tu vida totalmente al control del Señor y permite que el Espíritu Santo lleve a cabo en ti el maravilloso milagro del nuevo nacimiento.

ORACION:
Mi amante Padre celestial, gracias por el sacrificio de tu Hijo Jesús en la cruz del Calvario, quien dio su vida para que nosotros tuviésemos nueva vida. Te ruego me ayudes a morir a la carne y a vivir de manera que tu nombre sea glorificado. Por Cristo Jesús, Amén.