Junio 2019
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¿Disfrutas tú de la paz de Dios? Enviar esta meditación

Juan 16:33
“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.”


En este pasaje, Jesús se encontraba conversando con sus discípulos acerca del futuro que se aproximaba. Dentro de poco él sería arrestado, juzgado y crucificado. Ellos también, más tarde, pasarían por situaciones terribles. Serían aborrecidos, perseguidos, falsamente condenados e incluso torturados. Y lo peor de todo: ya el Señor no estaría con ellos. Pero en medio de tantas malas noticias, Jesús les estaba dando ánimo. Allí les habló acerca de la venida del Espíritu Santo, y con él el poder para hacer frente al enemigo y todos sus ataques. Allí Jesús les aseguró que si confiaban, aun en medio de tanta aflicción ellos tendrían paz simplemente porque él había vencido al mundo.

Casi ochocientos años antes del nacimiento de Jesús el profeta Isaías escribió: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.” (Isaías 9:6). Al nacer Jesús se cumplió esta profecía. Por eso cuando la multitud de ángeles anunciaba su nacimiento a los pastores decían todos al unísono: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” Aquel maravilloso día nació Jesús, quien vino a este mundo con el propósito de dar su vida como pago por todos nuestros pecados y darnos salvación y vida eterna. Romanos 5:1 dice: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” Es decir que cuando, por medio de la fe, creemos que Jesús murió en la cruz por nosotros y que después resucitó, y lo confesamos con nuestros labios somos salvos, declara Romanos 10:9-10. Esto significa que nosotros hemos sido reconciliados con un Dios totalmente santo después de haber estado separados de él por causa del pecado. Por eso el elemento clave de la paz en nuestras vidas es la constante presencia de Dios en nuestras mentes y en nuestros corazones. De esta manera lo expresó el profeta Isaías: "Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado." (Isaías 26:3).

La Biblia no nos promete una vida sin problemas o dificultades, pero sí nos asegura que aun en medio de difíciles situaciones podemos sentir paz y obtener la victoria. Estando preso en una cárcel romana, rodeado de terribles condiciones, el apóstol Pablo escribió a los cristianos de Filipos y les dio este consejo: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” (Filipenses 4:6-7). Esta paz proviene de la firme confianza en nuestro Padre celestial, cuyo amor y misericordia permanecen inmutables. Esta paz es un sentimiento interno de quietud y contentamiento que está por encima de las circunstancias de la vida. Es una paz profunda, inexplicable que nace de adentro hacia afuera independientemente de la situación en la que nos encontremos. Pablo nos exhorta a buscar esa paz en medio de circunstancias difíciles por medio de la oración, en lugar de afanarnos y llenarnos de ansiedad.

En muchos de sus Salmos, David expresó su búsqueda de la presencia de Dios a toda hora, en todo lugar, en todas las circunstancias. Esa constante búsqueda del rostro del Señor siempre resulta en una paz inefable, que no se puede entender pero que se siente en lo más profundo del corazón. Por eso, al llegar la noche, David podía declarar: “En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque sólo tú, Señor, me haces vivir confiado.” (Salmo 4:8).

Si tú no sientes esta paz, búscala acercándote al Señor cada día para pasar un tiempo de oración, escudriñando su Palabra, meditando en ella y poniéndola en práctica. Memoriza versículos de esta santa palabra y durante el resto del día permite que ocupen un lugar en tu mente. Sin duda disfrutarás de la preciosa paz de Dios.

ORACION:
Padre amado, gracias por la paz que viene a nosotros por medio de tu santa presencia. Ayúdame a mantenerme muy cerca de ti para disfrutar de esa paz que sobrepasa todo entendimiento. En el nombre de Jesús, Amén.