Junio 2019
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Hebreos 12:1-2a
“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe...”


Este pasaje comienza: “Por tanto...” En otras palabras, “De acuerdo a lo que acabo de decir...” En el capítulo anterior el autor de la carta a los Hebreos mencionó a un grupo de hombres y mujeres que, habiéndose encontrado en sus vidas en situaciones sumamente difíciles, confiaron en Dios y por medio de la fe resultaron vencedores. Así es que, considerando lo que ellos hicieron, es decir siguiendo su ejemplo, “despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia.” El objetivo fundamental del cristiano es correr “la carrera que tenemos por delante” siguiendo los pasos del Señor, o sea avanzar en la vida “puestos los ojos en Jesús”, como nuestro Guía, nuestro Maestro, nuestro Señor. Ahora bien, con el fin de marchar adelante hacia nuestra meta espiritual, antes tenemos que despojarnos del pecado y de todo aquello que constituya un peso o un obstáculo que dificulte ese objetivo.

En la novela de Julio Verne “La isla misteriosa”, se habla de cinco hombres que se escaparon de un campo de prisioneros durante la Guerra de Secesión norteamericana en 1865 mediante un globo que lograron robarse. Al elevarse en el aire se dieron cuenta que el viento los llevaba hacia el océano. Mientras observaban como la tierra firme desaparecía en el horizonte, se preguntaban cuánto tiempo lograría permanecer el globo en el aire. De momento se dan cuenta que el globo estaba descendiendo y que se aproximaba a la superficie del mar. Entonces decidieron que debían arrojar algo del peso que llevaban, pues si seguían bajando se estrellarían contra las aguas. Con mucho pesar arrojaron zapatos, abrigos y armas, y con cierto alivio sienten que el globo se eleva de nuevo.

Sin embargo, al poco tiempo descubren que el globo se acerca una vez más de forma peligrosa a las crestas de las olas, así que deciden lanzar al mar los alimentos y el globo se eleva de nuevo. Lamentablemente esto también fue sólo una solución temporal y la nave comienza a descender nuevamente. Finalmente echaron fuera las cuerdas y la canasta donde se sentaban. Al hacerlo, notaron como el globo se elevó otra vez. A los pocos minutos divisaron tierra. Los cinco saltaron al agua y nadaron hasta la isla. Estaban vivos debido a que fueron capaces de discernir que para continuar adelante era necesario despojarse de toda carga que impedía al globo desplazarse. Las cosas que antes pensaban que eran “necesarias” eran las mismas cargas que casi les cuesta la vida.

Así nos sucede muchas veces en nuestra vida espiritual. Hay “cargas” que nos impiden crecer, “pesos” que resultan un obstáculo para que nos concentremos en seguir a Cristo y tratar de imitarlo y servirle. El pasaje de hoy nos enseña que tenemos que despojarnos de ese peso al igual que del pecado. ¿Y cuál es ese peso? Ese peso es todo aquello que nos impide pasar tiempo de oración, o leer la Biblia, o asistir a un servicio de adoración, o visitar a un enfermo, o servir al Señor de cualquier otra manera. Bien pudiera ser la televisión, o el Internet, o el trabajo (cuando es en exceso), o quizás dormir demasiado, o salir mucho de paseo, o hablar mucho por teléfono. En ocasiones el obstáculo proviene de las amistades, o quizás la familia; cualquiera que sea el impedimento, tenemos que despojarnos de todo aquello que nos impida avanzar en esta “carrera que tenemos por delante” de la manera en que Dios espera que lo hagamos.

Piensa en las cosas que quizás están frenando tu crecimiento espiritual. Si las eliminas, ¿dispondrías de más tiempo para las cosas que de verdad son importantes? ¿Cómo sería tu vida sin ellas? Pídele a Dios que te muestre cómo podrías mejorar tu relación con él. Pídele discernimiento para hacer cambios y eliminar aquellas cosas que afectan tu vida espiritual.

ORACION:
Padre santo, te ruego me ayudes a identificar las cosas que constituyen un peso o una carga en mi vida y que están afectando mi crecimiento espiritual. Dame la fuerza y el valor para despojarme de ellas y marchar adelante en victoria. En el nombre de Jesús, Amén.