Junio 2019
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¿Estás compartiendo el amor de Dios? Enviar esta meditación

Juan 13:34-35
“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.”


El conocido ministro cristiano, evangelista y maestro Oswald Chambers (1874-1917) escribió: “Una vez que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, nosotros deliberadamente comenzamos a identificarnos con los intereses y propósitos de Jesucristo en las vidas de otros.” De esta manera lo expresó el apóstol Pablo en su carta a los Romanos: “Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.” (Romanos 5:5). Y en Juan 15:12,13 Jesús nos dice: “Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.”

En este último versículo, así como en el pasaje de hoy está totalmente claro que amar a los demás no es una opción para el cristiano; es una orden, un mandamiento que nos dejó Jesús a todos los que habríamos de seguirlo, y que él espera que lo llevemos a la práctica. Lo más probable es que por nuestras propias fuerzas en muchas ocasiones nos resultará imposible obedecer este mandamiento, pero si hemos nacido de nuevo con la ayuda del Espíritu Santo podremos amar aun a aquellos que nos han ofendido o nos han hecho daño. El apóstol Juan, en el cuarto capítulo de su primera carta enfatiza en el amor exhortando a los creyentes a amarse unos a otros. Dice: “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.” (1 Juan 4: 7-8).

Debemos recordar que los cristianos somos luz en un mundo oscurecido por el pecado, y que esa luz no se puede esconder. (Mateo 5:14). Así es que hagámonos el propósito de compartir con aquellos que nos rodean la paz y el amor del Señor que hemos recibido por medio del Espíritu Santo. Oswald Chambers también dijo: “Cuando alguien piensa que para desarrollar una vida santa siempre debe estar a solas con Dios, actúa como si se pusiera a sí mismo sobre un pedestal y se separara del resto del mundo.” Desde que el apóstol Pablo conoció a Jesús en el camino a Damasco entregó a él su vida y se dedicó a darlo a conocer al mundo y a mostrar el amor que el Señor había depositado en su corazón. Por donde quiera que Pablo fuera, Jesucristo siempre podía hacer uso de su vida.

Muchas veces nos concentramos sólo en nuestras propias metas, por lo que Dios no puede usarnos de la manera que él desea. La motivación de la vida del apóstol Pablo fue la entrega y la devoción a Jesús. Y esta devoción la manifestaba por medio del amor a los demás, aunque en ocasiones no recibía el merecido pago. Así lo expresa en 2 Corintios 12:15: “Yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas, aunque amándoos más, sea amado menos.” Tenemos que luchar contra la tendencia humana a ser devotos de las cosas que nos traen satisfacción y beneficios materiales, y preocuparnos más por recibir los beneficios espirituales que vienen de Dios.

La comunión con el Señor implica más que un tiempo diario a solas con él. Es necesario que como resultado de este tiempo devocional en nuestros corazones se produzca el deseo de compartir la luz, la paz y el amor de Jesucristo con el mundo que nos rodea. Y que llevemos a la práctica este deseo producido por el Espíritu Santo mostrando a todos con hechos, no sólo con palabras, el infinito amor de Dios. Cuando el amor de Dios es derramado en nuestros corazones sentimos la paz inefable del Señor; cuando compartimos ese amor sentimos además el gozo indescriptible del Espíritu Santo.

ORACION:
Padre santo, te ruego perdones mi egoísmo y mi indiferencia al no compartir tu amor con los demás. Pon el fuego de tu Espíritu en mi corazón para que dondequiera que me encuentre yo sea instrumento de tu paz y de tu amor, que mi testimonio sea agradable a ti y tu nombre sea glorificado. En el nombre de Jesús, Amén.