Junio 2019
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Proverbios 16:18
“Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu.”


En casi todo lugar adonde vayamos nos encontraremos con personas orgullosas, altivas y soberbias. Estas tres palabras se escriben diferentes pero tienen un significado similar. Las personas que tienen esta conducta de vida actúan como si fueran superiores a todos los demás y como si todo se lo merecieran. Por regla general se consideran a sí mismos el centro de atención. A simple vista estas personas pueden parecer grandes triunfadores, pero la realidad es que son personas fracasadas y con un alto grado de frustración. Una persona soberbia y orgullosa generalmente expresa superioridad sobre los demás y se exalta a sí misma con el fin de impresionar a quienes le escuchan. Pero, como dijera Jesús en Mateo 6:5 refiriéndose a los fariseos, “ya tienen su recompensa.” Es decir, una satisfacción superficial y pasajera, nada más. Después sufrirán las consecuencias de su orgullo, porque “cualquiera que se enaltece, será humillado”, dice Lucas 14:11a. La característica opuesta al orgullo y la soberbia es la humildad. Y los resultados de una y otra actitud son totalmente opuestos. Conforme a lo que nos dice la Biblia, el que se humilla, el de corazón humilde, éste será enaltecido, es decir será exaltado. Así dice Lucas 14:11b: “y el que se humilla, será enaltecido.”

El ejemplo máximo de humildad lo dio Jesús, “el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” (Filipenses 2:6-8). Por eso “Dios le exaltó hasta lo sumo.” (Filipenses 2:9). En el extremo opuesto está Satanás, cuyo orgullo y soberbia al querer ser semejante a Dios lo llevó a su caída de los lugares celestiales. El profeta Isaías habla de este evento en Isaías 14:13-15, y le dice al diablo: “Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo.” Ciertamente se cumplió lo que dice el pasaje de hoy: “Antes de la caída la altivez de espíritu.”

La característica del cristiano debe ser la humildad de espíritu si queremos imitar a Jesús y llegar a crecer espiritualmente hasta “la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.” (Efesios 4:13). Si deseamos llegar a este estado espiritual en la vida, debemos aprender a despojarnos de toda forma de soberbia, orgullo y altivez. Debemos pedir a Dios el discernimiento espiritual que nos revele cuando estamos actuando con soberbia. Muchas veces nos resulta difícil identificar en nosotros mismos una actitud de este tipo, y más difícil aún reconocerla y confesarla. Pero es necesario hacerlo. Es imprescindible humillarnos delante de Dios y de aquellos ante los cuales hemos actuado con orgullo, si queremos profundizar en nuestra relación con el Señor. El orgullo y la soberbia crean una barrera entre nosotros y Dios; la humildad nos acerca a él. Este contraste lo expresa Proverbios 29:23 de la siguiente manera: “El orgullo del hombre lo humillará, pero el de espíritu humilde obtendrá honores.”

Acércate hoy al trono de la gracia de Dios en oración. Pide al Señor que te revele esa área en la que estás actuando con orgullo y soberbia, y reconoce esta actitud como un verdadero pecado ante los ojos de Dios. Renuncia a ella en el nombre de Jesús, y pídele al Señor que la presencia de su Espíritu Santo coloque en su lugar un espíritu de humildad.

ORACION:
Padre Santo, escudriña lo profundo de mi corazón y quita de mí toda altivez, soberbia y orgullo que sólo pueden conducir a la destrucción. Ayúdame a caminar en humildad para agradarte a ti. En el nombre de Jesús, Amén.