Junio 2019
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¿Te resulta muy difícil amar a tus enemigos? Enviar esta meditación

Mateo 5:44
“Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen.”


Este consejo bíblico está muy claro. En realidad más que un consejo es una orden directa del Señor. Debemos amar y demostrar ese amor con hechos, aun a aquellos que nos han causado daño, los que nos han herido, los que nos han ofendido. Debemos hacer el bien incluso a nuestros enemigos. Aun más, debemos bendecir a los que nos maldicen. Ciertamente es una orden sumamente difícil de cumplir, en muchos casos totalmente imposible para nosotros, a menos que recurramos al poder del Espíritu Santo.

Muchos de nosotros hemos oído hablar de los famosos "Tres Tenores" los cuales recorrieron el mundo cantando juntos hasta la muerte de uno de ellos (Luciano Pavarotti) en septiembre de 2007. Hay una pequeña historia sucedida hace casi treinta años que se refiere a los otros dos tenores (Plácido Domingo y José Carreras), la cual nos ilustra la enseñanza del pasaje de hoy. Aun los que nunca han visitado España conocen la rivalidad existente entre los catalanes y los madrileños. Pues bien, Plácido Domingo es madrileño y José Carreras es catalán. Por cuestiones políticas, en 1984 Carreras y Domingo se volvieron enemigos. Siempre muy solicitados en todas partes del mundo, ambos hacían constar en sus contratos que sólo se presentarían en determinado espectáculo si el adversario no era invitado.

Pero en 1987, en la vida de Carreras apareció un enemigo mucho más implacable que Plácido Domingo. Carreras fue sorprendido por un diagnóstico terrible: ¡LEUCEMIA! Entonces comenzó una lucha contra el cáncer que fue sufrida y persistente. Se sometió a varios tratamientos como autotransplante de la médula ósea, además del cambio de sangre, lo que lo obligaba a viajar una vez por mes a Estados Unidos. Claro que en esas condiciones no podía trabajar y a pesar de ser dueño de una razonable fortuna, los altos costos de los viajes y del tratamiento rápidamente debilitaron sus finanzas. Cuando sus recursos financieros estaban prácticamente agotados tuvo conocimiento de la existencia de una fundación en Madrid cuya finalidad única era apoyar el tratamiento de enfermos de leucemia.

Gracias al apoyo de la Fundación Hermosa, Carreras venció la dolencia y volvió a cantar. Al recibir nuevamente los altos cheques que merecía y lleno de agradecimiento, José Carreras trató de asociarse a la Fundación. Para sorpresa de él, mientras leía sus estatutos se enteró que el fundador, mayor colaborador y presidente de la fundación era Plácido Domingo. Carreras descubrió que éste había creado la entidad con el fin de socorrerlo en su enfermedad y que se había mantenido en el anonimato para no humillarlo al tener que aceptar auxilio de un enemigo.

El momento más lindo y conmovedor fue el encuentro de los dos cuando, sorprendiendo a Plácido en una de sus presentaciones en Madrid, Carreras interrumpió el evento y humildemente se arrodilló a sus pies y le pidió perdón agradeciéndole públicamente todo lo que había hecho por él. Plácido lo levantó y con un fuerte abrazo los dos sellaron en ese instante el inicio de una gran amistad que ha perdurado desde entonces.

¡Qué ejemplo tan precioso de amor y humildad para el público presente y para todo el mundo que conoció la historia! Ciertamente el Espíritu de Dios se reveló en aquel momento y la esencia de la enseñanza de Jesús se manifestó en aquel auditorio. Actuar de esta manera normalmente resulta imposible para nosotros, pero puede ser posible si permitimos que Cristo actúe en nosotros y que se manifieste su carácter manso y humilde, el cual lo llevó a morir en silencio aun siendo inocente.

Jesús nos invita a venir a él. Dice Mateo 11:28: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” Acude al Señor y él quitará de ti toda carga que esté afectando tu vida espiritual: resentimientos, odio, deseos de venganza contra aquellos que te han hecho mal. Cristo puede hacer maravillas con esos sentimientos negativos y convertirlos en perdón, misericordia y amor por ellos.

ORACION:
Mi amado Señor, traigo ante tu altar todos los sentimientos negativos que guardo en mi corazón. Te ruego me limpies y arranques de mí todo aquello que impide que yo muestre tu amor a los demás, aún a los que me han herido. En el nombre de Jesús, Amén.