Dios te habla
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¿Sientes que la ira te controla? Enviar esta meditación

Efesios 4:26, 27
“Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo.”


En relación a la ira, el gran filósofo y científico griego Aristóteles escribió: “Cualquiera se puede airar, eso es fácil; pero airarse con la persona adecuada, en la medida adecuada, en el momento adecuado, por la causa adecuada y de la manera adecuada... ¡Eso no es fácil!” Un artículo publicado en la revista “The Pulpit Comentary” (El Comentario del Púlpito) dice: “La ira puede mover las pasiones contra el mal y operar con la fuerza y la eficacia de un instinto si está asociada con un carácter santo. En este caso es buena y es eficaz, pero si está relacionada con la maldad se vuelve pecaminosa. Bajo la inspiración de una naturaleza santa puede brillar con una potencia maravillosa contra el mal, la falsedad y el deshonor; pero bajo el control de un espíritu malvado puede llegar a causar daños irreparables en muchas vidas.” La ira es, sin duda, un sentimiento que puede ser un arma de doble filo.

El pasaje de hoy establece claramente que, en ciertas circunstancias, la ira tiene un lugar en la vida del cristiano. De hecho, la falta de ira podría ser una indicación de debilidad espiritual. La Biblia nos dice en el Salmo 145:8: “Clemente y misericordioso es el Señor, lento para la ira, y grande en misericordia.” El salmista afirma que aunque la bondad y la misericordia de Dios retardan la manifestación de su ira, llega un momento en que el Señor expresa su disgusto ante la maldad, la injusticia y el pecado del hombre. El Salmo 106 nos habla acerca de la rebeldía del pueblo de Israel. Dice el versículo 29 que ellos “provocaron la ira de Dios con sus obras, y se desarrolló la mortandad entre ellos.”

También Jesús, en ocasiones se llenó de ira. Por ejemplo, en Mateo 21:12-13 dice: “Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.” Jesús se encoleriza ante la actitud blasfema de aquellos mercaderes y sin ocultar su ira los echa del templo (en Juan capítulo 2 dice que usó un azote de cuerdas). ¡Sin duda estaba bien molesto Jesús! Sin embargo, el versículo siguiente dice: “Y vinieron a él en el templo ciegos y cojos, y los sanó.” Es decir, inmediatamente después de haberse airado, y habiendo echado a los mercaderes del templo vinieron a Jesús unos ciegos y unos cojos, y él los sanó. Una vez mostró su ira cuando había que enojarse, Jesús de inmediato está en control de sus emociones y dispuesto a mostrar su amor y su compasión por aquellos que venían a él en busca de sanidad.

Una ira santa producida por injusticia o maldad, acompañada de un deseo sincero de que se haga la voluntad de Dios es tanto sana como efectiva. Pero airarse contra alguien por un resentimiento personal o envidia constituye un pecado. Y puede traer muy malas consecuencias. Por eso no debemos permitir que se acumulen en nuestro corazón sentimientos de resentimiento contra alguien que nos ha ofendido, los cuales pueden crear raíces de amargura que afectan nuestro comportamiento hacia los que nos rodean. La Biblia nos alerta acerca de esto en Hebreos 12:15: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados.” Para evitar esto, el pasaje de hoy nos aconseja: “No se ponga el sol sobre vuestro enojo.” Es decir, antes que termine el día debemos deshacernos de todo sentimiento de enojo.

Si no puedes controlar tus emociones y sientes que la ira te está empujando a pecar, arrodíllate y clama al Señor buscando su fortaleza y el dominio propio que viene de su Santo Espíritu. Dios tomará control de la situación llenándote de su paz y su gozo, mientras se encarga de aquellos que conspiran para hacerte daño. Así lo expresa Romanos 12:19: “No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.”

ORACION:
Amante Padre, reconozco que muchas veces me invade un sentimiento de ira que no glorifica tu nombre. Te ruego arranques de mi corazón todo enojo o rencor y lo reemplaces con tu paz y tu amor, para que mi testimonio sea siempre de tu agrado. En el nombre de Jesús, Amén.