Dios te habla
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¿Es Cristo tu bandera? Enviar esta meditación

Éxodo 17:13-16
“Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada. Entonces dijo el Señor a Moisés: Escribe esto en un libro para que sirva de memorial, y haz saber a Josué que yo borraré por completo la memoria de Amalec de debajo del cielo. Y edificó Moisés un altar, y le puso por nombre el Señor es mi estandarte, y dijo: el Señor lo ha jurado; el Señor hará guerra contra Amalec de generación en generación.”


Después que los israelitas fueron liberados de la esclavitud en Egipto se dirigían, guiados por su líder Moisés, al Monte Sinaí donde Dios los esperaba. Fue entonces que, inesperadamente, se encontraron frente a Amalec y su poderoso ejército, acérrimos enemigos de Israel, quienes los esperaban en un lugar llamado Refidim con el fin de aniquilarlos. Entonces Moisés ordenó a Josué que escogiera unos cuantos hombres y saliera a pelear contra los enemigos mientras él, su hermano Aarón y su cuñado Hur subían a una pequeña colina a orar. Y allí se mantuvieron orando mientras ambos ejércitos peleaban. El pasaje de hoy nos narra el resultado de esta batalla. Los israelitas destruyeron totalmente a sus enemigos, y en agradecimiento a Dios por esta victoria Moisés edificó un altar, al que puso por nombre “El Señor es mi estandarte”, es decir mi bandera, mi guía.

Amalec es un símbolo de las luchas del cristiano. Él representa al enemigo de nuestras almas. ¿Acaso no son los hijos de Dios atacados por él de día y de noche? Tenemos un enemigo astuto que cuando quiere destruir una vida estudia, analiza y prepara una tentación “personalizada” que la inocente víctima no puede vencer por sí misma. Pero, al igual que en la batalla que nos narra el pasaje de hoy, ese enemigo común fue derrotado hace 2,000 años en el Monte Calvario. Allí Jesucristo libró la batalla más importante que se haya efectuado en la historia de la humanidad, venciendo lo que era invencible: la muerte.

Por eso, mientras caminamos en este mundo, debemos mantener "los ojos puestos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios." (Hebreos 12:2). Nuestro Señor es la bandera que flamea victoriosa por siempre, él es el autor y consumador de la fe, el eterno vencedor. Los valientes pueden sentir temor, los inteligentes pueden equivocarse, los fuertes pueden caer, pero los que confían en Jesús con toda seguridad marcharán hacia adelante y resultarán victoriosos. Él ha dirigido muchas batallas sin perder ninguna nunca. Hubo muchas heridas en la cruz, hubo mucho dolor, hubo sangre derramada, pero el sepulcro continúa vacío mostrando al mundo la victoria de nuestro Salvador. Bienaventurado todo aquel que da gloria a Dios por esa victoria y que hoy proclama que Jesucristo es su estandarte, su gloriosa bandera, su guía en todas las circunstancias.

Una bandera ondeando en lo alto es símbolo de victoria. Cuando un ejército conquista el territorio enemigo, lo primero que hace es izar su bandera. Cuando el primer hombre logró finalmente poner sus pies en la luna simbolizó la victoria obtenida levantando la bandera de los Estados Unidos en aquel terreno desierto. Jesús dijo a sus discípulos: “Yo, cuando sea levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo.” (Juan 12:32). La bandera que simboliza victoria total y absoluta fue izada en el monte Calvario. Hay un imán irresistible en la cruz levantada. Al final nadie discute, nadie se resiste, todos caen de rodillas delante del Cordero de Dios. Su nombre es sobre todo nombre. Jesús es nuestra bandera, él va delante de su pueblo guiándonos al destino final.

¿Estás permitiendo que el Cristo victorioso sea tu guía en todo lo que haces? ¿Puedes tener la seguridad de que él ondea en tu vida cual triunfante bandera? ¿Se mantiene tu mirada fija en "Jesús, el autor y consumador de la fe"? Si la respuesta a estas preguntas es "Sí", ¡Gloria a Dios! De lo contrario es imprescindible que busques una mejor relación con el Señor leyendo la Biblia y teniendo un tiempo de oración cada día de tu vida. Pide a Dios de todo corazón que te ayude a entender su palabra y a ponerla en práctica.

ORACION:
Padre santo, gracias por tu Hijo Jesucristo cuya muerte y resurrección es símbolo de victoria para tu pueblo. Ayúdame a caminar en esta vida con mis ojos puestos en él, y que mi testimonio pueda mostrar a otros que él verdaderamente reina en mi corazón. Por Cristo Jesús, Amén.