Dios te habla
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¿Puedes tú ser líder en la iglesia? Enviar esta meditación

1 Timoteo 5:19-22
“Contra un anciano no admitas acusación sino con dos o tres testigos. A los que persisten en pecar, repréndelos delante de todos, para que los demás también teman. Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, y de sus ángeles escogidos, que guardes estas cosas sin prejuicios, no haciendo nada con parcialidad. No impongas con ligereza las manos a ninguno, ni participes en pecados ajenos. Consérvate puro.”


En este pasaje el apóstol Pablo advierte a su hijo espiritual Timoteo, a quien está asistiendo en su crecimiento espiritual, que no admita ninguna acusación contra un líder de la iglesia “sino con dos o tres testigos” que puedan apoyar la denuncia. En los tiempos en que vivimos, escuchamos con frecuencia ataques contra la iglesia de Jesucristo por medio de acusaciones en contra de conocidos líderes. Sin embargo, aunque lamentablemente algunos líderes cristianos han caído en pecado, debemos ser muy cuidadosos y no apresurarnos a emitir juicios o llegar apresuradamente a conclusiones que puedan afectar negativamente la reputación de un líder y por lo tanto de la iglesia.

Ahora bien, Pablo le dice a Timoteo que a aquellos “que persisten en pecar” los reprenda en presencia de todos con el fin de dar un escarmiento y mostrar a los demás las consecuencias de una actitud pecaminosa. Pablo hace énfasis en la necesidad de ser honestos al aplicar estos principios. No deben existir prejuicios, no debe mostrarse parcialidad alguna, trátese de un amigo íntimo o de un simple conocido. Dice el versículo 21: “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, y de sus ángeles escogidos, que guardes estas cosas sin prejuicios, no haciendo nada con parcialidad.” En otras palabras: “Tómalo con la mayor entrega y seriedad posible, tratando de obrar justamente.” Ciertamente Pablo pone gran énfasis en la importancia de esta acción. Actuando de esta manera un líder estaría honrando el nombre del Señor.

Finaliza este pasaje diciendo: “No impongas con ligereza las manos a ninguno, ni participes en pecados ajenos. Consérvate puro.” Tristemente en nuestros tiempos hay un énfasis mayor en el crecimiento de las iglesias en cuanto al número de miembros que en lo relativo al aspecto espiritual. El deseo de ver crecer las iglesias rápidamente ha traído como consecuencia la creación casi instantánea de líderes poco aptos para discipular a nuevos creyentes, pues ellos mismos no han crecido a la altura de un verdadero discípulo de Cristo. Muchas veces el carisma, la inteligencia y la elocuencia son factores que se valoran más que el crecimiento espiritual. Sin embargo, estas características no demuestran un carácter probado ni indican la madurez espiritual de una persona.

En Hechos capítulo 6, la Biblia nos enseña como debemos actuar al elegir a un líder en la iglesia. En los primeros tiempos del cristianismo, cuando la iglesia comenzó a crecer y se necesitaban nuevos líderes que ayudaran a los doce apóstoles a llevar a cabo sus tareas, éstos se dirigieron a la congregación de los discípulos, y les dijeron: “Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra.” El crecimiento espiritual, la sabiduría y un buen testimonio deben caracterizar a todo líder cristiano. Una entrega total al Señor es absolutamente necesaria para representarlo a él aquí en la tierra.

Todos los hijos de Dios de una manera u otra debemos servir a nuestro Padre celestial, pero no todos estamos capacitados para ser líderes. En 1 Corintios capítulo 12 leemos algo sumamente importante en cuanto a la preparación de aquellos que han de servir en la iglesia. Dice que "a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho." (v.7). El Espíritu Santo da los dones espirituales “repartiendo a cada uno en particular como él quiere.” (v.11). Por lo tanto debemos estar muy conscientes de los dones que hemos recibido y servir al Señor conforme a estos dones, haciéndolo de todo corazón para la gloria de Dios.

ORACION:
Padre santo, yo deseo servirte para honrar y glorificar tu nombre. Permite que tu Santo Espíritu me capacite para hacer exactamente aquello que tú deseas que yo haga. Úsame para lo que tú quieras, como tú quieras y cuando tú quieras. En el nombre de Jesús, Amén.