Dios te habla
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¿Vives una vida de humildad? Enviar esta meditación

1 Pedro 5:5
“Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.”


Según el diccionario, "humildad" es la “actitud de la persona que no presume de sus logros, reconoce sus fracasos y debilidades y actúa sin orgullo.” El mundo en que vivimos aplaude los grandes logros, las posiciones sociales o políticas elevadas y las riquezas materiales. La mayoría de las personas pasan gran parte de sus vidas tratando de alcanzar metas relativas a su bienestar, principalmente en el aspecto económico, como grandes casas, buenos automóviles, viajes al extranjero, cuentas bancarias abundantes, etc. Todos estos valores se oponen a un estilo de vida de humildad, pues una vez logrados por regla general producen en la persona una actitud de vanidad y de orgullo.

El diccionario define también humildad como “sumisión, entrega, obediencia”. En el pasaje de hoy, parte de su primera carta a los creyentes exiliados, el apóstol Pedro los exhorta a estar “sujetos a los ancianos” y “sumisos unos a otros.” Esta es otra actitud sumamente difícil de poner en práctica, pues nuestra naturaleza carnal nos impulsa a hacer exactamente lo contrario. Esta característica se ha transmitido en los seres humanos desde el principio de la Creación cuando Adán y Eva pecaron, precisamente por no sujetarse a la autoridad de Dios y no permanecer sumisos a su voluntad. Ellos pensaron primeramente en sí mismos, se llenaron de orgullo y desobedecieron las instrucciones de su Creador. Como consecuencia murieron espiritualmente y fueron echados del huerto del Edén.

El pasaje de hoy continúa con una clara advertencia a todos los creyentes: “Revestíos de humildad; porque Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.” Es decir, si elegimos la actitud humilde que agrada a Dios disfrutaremos de su gracia y sus bendiciones. Por el contrario, si nos apartamos de sus principios e imponemos los nuestros actuando con soberbia el Señor nos resistirá. La Biblia nos expone claramente las bases para una vida bendecida, llena de la paz, el gozo y el amor de Dios. Es nuestra responsabilidad seguir las instrucciones para disfrutar de la gracia de Dios. Él no nos va a obligar a cumplirlas, nosotros somos los que decidimos qué hacer. Y si estuviésemos tratando de corazón y no pudiésemos lograrlo debido a nuestras debilidades humanas, el Señor está dispuesto a ayudarnos si acudimos a él pues su poder “se perfecciona en la debilidad”, dice 2 Corintios 12:9. Ahora bien, si optamos por ignorarlas tendremos que sufrir las consecuencias de la desobediencia.

La vida de Jesús fue un ejemplo de perfecta humildad. Primeramente, "siendo en forma de Dios" se despojó de la gloria y de la autoridad que le eran propias, “tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” (Filipenses 2:5-8). Desde su nacimiento en un humilde pesebre hasta su muerte en la cruz del Calvario cada día de su vida fue su prioridad sujetarse a la voluntad del Padre, siguiendo fielmente las instrucciones que le habían sido dadas con el fin de llevar a cabo el plan de salvación para la humanidad. Por eso, Jesús puede decirnos con autoridad: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.” (Mateo 11:29).

¿Sientes que debes humillarte y vivir para la gloria de Dios y no para la tuya? ¿O harás con tu vida lo que tú estimes conveniente en vez de obedecer la Palabra de Dios? ¿Tienes un corazón dispuesto a imitar a Jesús? Si es este tu sentir acércate al Señor en oración cada día, adórale, muéstrale tu deseo de entregarte a él y pídele que te ayude si piensas que eres incapaz de hacerlo. Ten la seguridad de que su poder se perfeccionará en tu debilidad y habrá un gran cambio en tu vida. Entonces disfrutarás plenamente de muchas bendiciones.

ORACION:
Padre santo, reconozco que me resulta muy difícil luchar contra mi orgullo, sobretodo cuando se trata de obedecer tu palabra. Te ruego me ayudes a ser humilde cualesquiera sean las circunstancias para agradarte y honrarte como tú mereces. En el nombre de Jesús, Amén.