Mayo 2019
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¿Es tu trabajo un dios para ti? Enviar esta meditación

Exodo 20:1-6
“Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de siervos. No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de cosa que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos, sobre los terceros y sobre los cuartos, a los que me aborrecen, Y que hago misericordia en millares a los que me aman, y guardan mis mandamientos.”


La salud y la capacidad para trabajar son preciosos regalos de Dios. En estos tiempos en los que hay tantas personas desempleadas, todo aquel que tenga un trabajo y además esté lo suficientemente saludable para llevarlo a cabo debe estar agradecido, y como muestra de ese agradecimiento debe también ser responsable de cumplir sus obligaciones. Sin embargo debe ser muy cuidadoso de no excederse en esa “responsabilidad”. En el pasado las personas salían del trabajo e iban a la casa a descansar y a compartir con la familia. En la actualidad llegan a la casa a enviar mensajes electrónicos y a "conectarse" con la computadora. Y cuando salen de paseo con la familia están "conectados" permanentemente al "Iphone" o a la "tableta digital" o al "laptop". Y no disfrutan del tiempo familiar.

El doctor Dave Arnott, profesor de la Universidad Bautista de Dallas, dijo lo siguiente: “No sé si el trabajo está tomando el lugar de la familia y la comunidad, o si la familia y la comunidad están dejándole su lugar al trabajo. Pero sí sé que el movimiento está en marcha. El trabajo de todo el mundo parece ser quienes ellos son. Tenemos la tendencia a establecer nuestra identidad en relación a lo que hacemos para ganarnos la vida.” También el presidente del Instituto para las Familias y el Trabajo declaró: “Lo ocupado que está una persona se ha convertido en el emblema de su valor, o sea un símbolo de su condición social.” Ante todas estas tendencias, cualquiera que sea nuestra ocupación, debemos mantener el trabajo en la perspectiva correcta. Dios y la familia son más importantes que la dedicación a un trabajo. El trabajo es un don, no un dios.

En el pasaje de hoy, por medio de Moisés, Dios le dio los Diez Mandamientos al pueblo de Israel. El primero de ellos dice: “No tendrás dioses ajenos delante de mí.” Este concepto es mucho más amplio que el simple hecho de adorar ídolos, imágenes o cualquier otra figura creada por el hombre. Realmente significa que nada, absolutamente nada debe ocupar el primer lugar en nuestras vidas, el cual corresponde exclusivamente a Dios, incluyendo nuestros empleos, ocupaciones, entretenimientos y cualquier otra cosa que nos ocupe el tiempo que debemos dedicar al Señor. Así les dijo Jesús a los escribas y fariseos en Marcos 12:28-30: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.” No hay mejor manera de mostrar amor a Dios que buscar su presencia antes que cualquier otra cosa, adorarle y obedecerle en todo.

En segundo lugar debemos considerar a nuestras familias, que son bendiciones que recibimos de Dios y que vienen acompañadas de una gran dosis de responsabilidad. Por medio del trabajo que Dios nos facilita podemos honrarlo a él, cuidar de nuestras familias y ayudar a los que tienen necesidades. Es sumamente importante establecer prioridades, de manera que hagamos todo en su debido orden y tiempo conforme a la voluntad de Dios. Conocedor de la naturaleza humana, Jesús aconsejó a sus discípulos en Mateo 6:33: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” Jesús les estaba hablando de las necesidades básicas (alimentos, agua, ropa, vivienda, etc.). Si ponemos a Dios en primer lugar él se encargará de suplir todas nuestras necesidades, y nos bendecirá en todos los aspectos de nuestras vidas.

Comienza cada día buscando el rostro del Señor en oración, lee su palabra, medita en ella. Te sorprenderá como te rinde el tiempo en tu trabajo y podrás disfrutar más de tu familia.

ORACION:
Mi amante Padre celestial, dame la sabiduría para reconocer cuando estoy haciendo un dios de mi trabajo o de cualquier otra cosa, y dame la fuerza y el valor para darte a ti el primer lugar en mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.