Mayo 2019
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¿Habrá algo a lo que le restas importancia? Enviar esta meditación

Números 33:50-56
“Y habló Jehová a Moisés en los campos de Moab junto al Jordán frente a Jericó, diciendo: Habla a los hijos de Israel, y diles: Cuando hayáis pasado el Jordán entrando en la tierra de Canaán, echaréis de delante de vosotros a todos los moradores del país, y destruiréis todos sus ídolos de piedra, y todas sus imágenes de fundición, y destruiréis todos sus lugares altos; y echaréis a los moradores de la tierra, y habitaréis en ella; porque yo os la he dado para que sea vuestra propiedad. Y heredaréis la tierra por sorteo por vuestras familias; a los muchos daréis mucho por herencia, y a los pocos daréis menos por herencia; donde le cayere la suerte, allí la tendrá cada uno; por las tribus de vuestros padres heredaréis. Y si no echareis a los moradores del país de delante de vosotros, sucederá que los que dejareis de ellos serán por aguijones en vuestros ojos y por espinas en vuestros costados, y os afligirán sobre la tierra en que vosotros habitareis. Además, haré a vosotros como yo pensé hacerles a ellos.”


En este pasaje, Dios da instrucciones específicas a Moisés en relación a lo que los israelitas debían hacer una vez llegaran a la tierra prometida. En primer lugar les ordena echar fuera a “todos los moradores del país” y destruir “todos sus ídolos”, “todas sus imágenes” y “todos sus lugares altos” o altares. Notemos que Dios es muy específico al repetir la palabra “todos”. No cabe la más mínima duda de que el Señor deseaba la total eliminación de todo aquello que estaba en contra de sus principios. Al final del pasaje Dios les advierte lo que sucedería si no cumplían al pie de la letra sus órdenes y dejaren algunos de los moradores de aquella tierra. Les dice: "Ellos serán por aguijones en vuestros ojos y por espinas en vuestros costados, y además, haré a vosotros como yo pensé hacerles a ellos.” Está claro que no era conveniente para los israelitas restar importancia a nada de lo mencionado por Dios.

También en 1 Samuel capítulo 15, Dios nos muestra de manera muy clara cual es su sentir en cuanto a eliminar todo aquello que es desagradable delante de sus ojos. Aquí, por medio del profeta Samuel, el Señor da órdenes al rey Saúl de que atacara a los amalecitas, enemigos acérrimos de Israel. Así le dijo: "Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él." (v.3). Todo, absolutamente todo debía ser eliminado, incluyendo "mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos." Sin embargo, Saúl optó por perdonarle la vida al rey Agag y traerse consigo lo mejor de las ovejas y del ganado. Quizás él pensó que eso no tenía “mucha importancia”. Pero en ese momento comenzó la declinación de su reinado. Poco después Samuel le dijo a Saúl: “Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey.” (1 Samuel 15:23). Saúl cayó de su trono por no haber obedecido al pie de la letra las instrucciones del Señor.

¡Cuántas veces hemos desobedecido las instrucciones que Dios nos ha dado a través de su palabra! O quizás las hemos obedecido a medias (como hizo Saúl) y hemos creído que hemos cumplido con lo que el Señor espera de nosotros. Tal vez aquel que ha sido por mucho tiempo adicto a la pornografía se da cuenta que eso no agrada a Dios y decide hacer algo, pero al final dice: “Voy a guardar esta revista que apenas tiene dos o tres fotos pornográficas.” Quizás algún otro diga: “Un trago de whiskey de vez en cuando no tiene importancia”, o “Un cigarrillo o dos al día no me van a afectar.” ¡Mucho cuidado! Una pequeña llamita que se dejó descuidadamente al apagar una fogata en medio del bosque muchas veces ha dado lugar a un fuego que ha llegado a convertirse en un infierno abrasador cuyos resultados han sido catastróficos tanto en la pérdida de bienes materiales como de vidas humanas.

Dios, en su infinita sabiduría, sabe exactamente lo que nos hace daño aunque a nosotros pueda parecernos de “poca importancia”. No debemos tratar de modificar sus instrucciones, sino seguirlas al pie de la letra sabiendo que entonces él nos colmará de bendiciones. Medita en esta enseñanza, y si hay algo en tu vida que sabes desagrada al Señor hazte el propósito de eliminarlo total y completamente.

ORACION:
Bendito Padre celestial, te ruego me des la sabiduría y las fuerzas para eliminar de mi vida absolutamente todo lo que te ofende o no glorifica tu nombre. Por Cristo Jesús, Amén.