Mayo 2019
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Efesios 6:10-18
“Por último, fortalézcanse con el gran poder del Señor. Pónganse toda la armadura de Dios para que puedan hacer frente a las artimañas del diablo. Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales. Por lo tanto, pónganse toda la armadura de Dios, para que cuando llegue el día malo puedan resistir hasta el fin con firmeza. Manténganse firmes, ceñidos con el cinturón de la verdad, protegidos por la coraza de justicia, y calzados con la disposición de proclamar el evangelio de la paz. Además de todo esto, tomen el escudo de la fe, con el cual pueden apagar todas las flechas encendidas del maligno. Tomen el casco de la salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios. Oren en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos. Manténganse alerta y perseveren en oración por todos los santos.”


La Biblia nos enseña que las luchas a las que a diario nos enfrentamos y que muchas veces nos afectan intensamente no son contra “seres humanos”, es decir no son contra las personas que están a nuestro alrededor sino contra “fuerzas espirituales malignas” que están bajo la dirección de Satanás, a las cuales no podemos ver y cuyo propósito es destruirnos. Día tras día estamos envueltos en esa guerra espiritual aunque generalmente no nos damos cuenta de lo que verdaderamente está sucediendo en nuestras vidas.

Nosotros no tenemos la capacidad ni el poder para vencer estas fuerzas demoníacas, pero tenemos un Dios todopoderoso que está dispuesto a pelear por nosotros. En el pasaje de hoy el apóstol Pablo nos exhorta a buscar en Dios la fortaleza que necesitamos y, usando la imagen de un soldado romano completamente equipado para la guerra, nos insta a ponernos “toda la armadura de Dios” para resistir al diablo y estar firmes contra sus astutas tácticas. Con este fin, cada día debemos seguir los siguientes pasos:

1. Ceñirnos con el cinturón de la verdad.
Jesucristo es “la verdad”, dice Juan 14:6. La Palabra de Dios es la manifestación de la verdad. Juan 8:31-32 nos asegura que si permanecemos en esta verdad seremos libres.

2. Protegernos con la coraza de justicia.
Hemos sido justificados por la sangre de Cristo. Cuando vivimos con esta seguridad la justicia de Dios constituye una coraza protectora.

3. Calzarnos con la disposición de proclamar el evangelio de la paz.
Tenemos paz con Dios como resultado de nuestra relación con Cristo, pero esa paz debemos compartirla con los demás. Como dijera el profeta Isaías: “Cuán hermosos son los pies del que trae buenas nuevas, del que anuncia la paz...” (Isaías 52:7).

4. Tomar el escudo de la fe.
Nuestra principal defensa es la fe. En Juan 16:33 Jesús nos dice: "En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo." Por eso debemos ser constantes en la lectura de la Biblia, pues “la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.” (Romanos 10:17).

5. Tomar el casco de la salvación.
El casco protege la cabeza. Uno de los puntos que más ataca el diablo es la mente y a través de ella intenta controlarnos. Si mantenemos los ojos en Jesús, "el autor y consumador de la fe", podremos rechazar todo pensamiento que no glorifica el nombre del Señor.

6. Tomar la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.
Cuando Satanás tentó a Jesús (Mateo 4), el Señor respondió en cada ocasión: “Escrito está.” Y seguidamente se refería a un pasaje de la Escritura. Nosotros debemos seguir el ejemplo de Cristo y enfrentarnos a la tentación con la poderosa Palabra de Dios.

7. Orar en el Espíritu en todo momento.
La oración es el arma más poderosa que tiene el cristiano. La oración coloca en su lugar todas las partes de la armadura espiritual y pone en ella la unción del Espíritu Santo. A unas pocas horas de su muerte, allí en Getsemaní, Jesús dio a sus discípulos este consejo: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.” (Mateo 26:41).

Si seguimos todos estos pasos, podremos proclamar con autoridad: “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?”

ORACION:
Padre santo, gracias por la protección que encontramos en tu poder contra las fuerzas del mal. Ayúdame a permanecer vestido con tu poderosa armadura para vivir una vida de paz y de victoria. En el nombre de Jesús, Amén.