Mayo 2019
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Romanos 14:17-19
"El reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por los hombres. Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación."


Si nos remontamos a la época en la que el apóstol Pablo escribió esta carta a la iglesia en Roma (año 56 D.C.), notaremos las grandes diferencias que había entre el judaísmo y el naciente cristianismo. Los judíos habían estado regidos toda la vida por una multitud de normas y regulaciones que formaban parte de la Ley. Había leyes de purificación que debían ser observadas.Tales cosas eran impuras y tales cosas eran puras. Tales animales no debían ser comidos y tales animales podían ser comidos. Cuando muchos judíos se convirtieron al cristianismo vieron que todas esas reglas y ordenanzas habían sido abolidas. El peligro aquí era que se interpretara la libertad cristiana como una licencia para hacer exactamente lo que cada uno quisiera.

En este pasaje Pablo revela la verdad del reino de Dios (el evangelio de Cristo), la cual no consiste en abstenerse o no abstenerse de comidas y bebidas, sino que se basa fundamentalmente en proclamar la "justicia" de Dios por medio del mensaje de salvación en Cristo, traer "paz" y reconciliación con Dios a todos los hombres y transmitir al mundo la alegría y el "gozo" de nuestros corazones. Todo esto producto del "Espíritu Santo" que habita en nosotros. El que se deleita en servir a Cristo de esta manera agrada a Dios y es aprobado por aquellos que le rodean. Por lo tanto pongamos todo nuestro esfuerzo y empeño en promover y poner por obra todo aquello que "contribuye a la paz y a la mutua edificación."

La paz es fruto del Espíritu Santo junto con el amor, el gozo, la paciencia, la bondad, la benignidad, la fe, la mansedumbre y la templanza (Gálatas 5:22-23). Cuando aceptamos a Jesucristo como nuestro salvador lo primero que sentimos es una paz muy especial y profunda que obra en nuestros corazones y nos da sosiego y quietud aun en las condiciones más terribles. Es una paz que conforta y consuela en momentos en que las circunstancias que nos rodean tienden a llenarnos de ansiedad, temor y preocupación y en ocasiones hasta amenazan con hundirnos en una total desesperación.

Durante su ministerio en la tierra Jesús tuvo que enfrentar innumerables peligros y difíciles pruebas conjuntamente con sus discípulos. Y en medio de todos esos problemas y adversidades por los que a diario pasaban, Jesús les animó diciéndoles: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33). Jesús no les ofreció un jardín de rosas, pero sí les prometió que en medio de las pruebas él les confortaría y les llenaría de paz.

El apóstol Pablo pudo experimentar esta promesa del Señor encontrándose en una cárcel romana rodeado de incomodidades, pasando hambre, siendo humillado y torturado y esperando ser ejecutado en cualquier momento. En medio de aquella situación tan negativa Pablo escribió una carta a los filipenses en la cual los animaba de la siguiente manera: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” (Filipenses 4:6-7). Debemos estar seguros de que, aun en medio de esas terribles circunstancias, Pablo estaba disfrutando de esa maravillosa paz de Dios de tal manera que pudo dar este consejo a los cristianos de Filipos.

Esta paz pueden experimentarla todos los que han puesto su confianza en Dios y permanecen en comunión con él. Así lo declara la Biblia en Isaías 26:3: "Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado." La paz de Dios es completa y profunda y no depende de las circunstancias sino que viene de adentro hacia afuera.

Cuando sientas temor o ansiedad arrodíllate buscando el rostro del Señor en oración. Clama a él por su ayuda, confía en él de todo corazón e inmediatamente la paz de su santa presencia te envolverá.

ORACION:
Padre santo, necesito de ti, de tu poder, de tu maravillosa paz. Por favor, echa fuera de mí todo espíritu de temor e incertidumbre y lléname de esa paz que sobrepasa todo entendimiento. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.