Mayo 2019
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¿Cómo está tu relación con el Señor? Enviar esta meditación

Juan 12:1-8
"Seis días antes de la pascua, vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y a quien había resucitado de los muertos. Y le hicieron allí una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él. Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume. Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de entregar: ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres? Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella. Entonces Jesús dijo: Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto. Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, mas a mí no siempre me tendréis."


María, Marta y Lázaro tenían una relación especial con Jesús. La Biblia enfatiza en este aspecto cuando dice en Juan 11:5: “Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro.” El pasaje de hoy nos cuenta que, estando Jesús de visita en la casa de ellos, “María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume.” Esta acción probablemente lució frívola o superficial a aquellos que estaban presentes. Aparentemente a algunos de los discípulos les pareció un acto irresponsable. Por lo menos uno de ellos (Judas Iscariote) se quejó hipócritamente diciendo: “¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres?” Pero fue la sincera comunión de María con el Señor lo que la inspiró a ofrecer aquel costoso perfume a sus pies, ignorando su valor material. Esta debe ser la actitud de cada cristiano. Debemos sentir un fuerte deseo en nuestros corazones de poner nuestra relación con Jesucristo por encima de todo lo que nos rodea, incluyendo la opinión de los demás y nuestros bienes materiales.

¿Cuál es, pues, el aspecto más importante en la vida del creyente? Este pasaje nos da una profunda enseñanza, por medio de la cual concluimos que no hay nada más importante que nuestra comunión con Dios. Si nuestra vida gira alrededor de este principio, si nuestro principal esfuerzo está encaminado a establecer una íntima relación con el Señor por encima de nuestros propios intereses, todo lo que suceda en nuestras vidas estará dentro de sus planes, y por lo tanto seremos bendecidos en todos los aspectos.

Lo cierto es que hemos sido llamados por Dios a tener una íntima comunión con su Hijo Jesucristo. Así dice 1 Corintios 1:9: “Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.” Pero esta comunión sólo podemos lograrla si vivimos una vida que agrade a nuestro Padre celestial, alejados del pecado y la corrupción del mundo y practicando la verdad de la palabra de Dios. El apóstol Juan escribió en su primera carta: “Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.” (1 Juan 1:6-7). Una verdadera comunión con Dios nos mantendrá limpios de nuestros pecados y facilitará nuestra comunión con otros creyentes. Y nuestras acciones, aunque generen críticas entre los incrédulos, serán una dulce fragancia para nuestro Señor.

Si deseas tener esta comunión con Dios lo primero que tienes que hacer es buscar su rostro cada día en oración, leer su palabra, meditar en ella y aplicarla a tu vida. No hay otra manera. Hazte el propósito de pasar tiempo a solas con el Señor diariamente, preferiblemente temprano en la mañana antes de comenzar tus actividades del día, o en cualquier otro momento que te resulte posible. Si eres constante poco a poco irás experimentando la paz y la dulzura del Espíritu Santo cualesquiera sean las circunstancias. Este es el resultado inequívoco de una íntima comunión con el Señor.

ORACION:
Padre santo, ayúdame a recordar siempre que lo más importante en mi vida debe ser la búsqueda constante de una sincera y profunda comunión con tu Hijo Jesucristo, y capacítame para establecer esta comunión desde ahora y para siempre. En el nombre de Jesús, Amén.