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¿Sabes que eres templo del Espíritu Santo?  Enviar esta meditación

1 Corintios 3:16
“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?”


En nuestro vocabulario diario usamos frases como "El domingo voy a la iglesia" o "Vamos para el templo", queriendo decir que asistiremos al servicio de adoración. Generalmente asociamos las palabras “iglesia” o ”templo” con un edificio, es decir un lugar adonde ir a tener un encuentro con Dios. Sin embargo la Palabra de Dios nos muestra un concepto diferente. La Biblia dice que los "ladrillos" que forman la iglesia o el templo de Dios somos nosotros los cristianos. Leemos en 1 Corintios 12:12: “Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo." Y en Colosenses 1:18, refiriéndose a Cristo, dice: "Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia."

El pasaje de hoy nos enseña que los que hemos creído en Cristo como nuestro salvador somos "templo de Dios." La palabra griega que aquí se traduce como templo significa "Lugar Santísimo". En el Antiguo Testamento Dios ordenó edificar un tabernáculo en el cual él sería adorado. El tabernáculo constaba de tres habitaciones principales: el atrio, el lugar santo y el lugar santísimo. El lugar santísimo estaba separado del resto por un velo y allí sólo podía entrar el Sumo Sacerdote una vez al año. En ese lugar se manifestaba la presencia de Dios. Gracias al sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario, ese velo separatorio se rasgó y hoy todos los creyentes tenemos acceso directo a Dios por la presencia de Jesucristo y el poder del Espíritu Santo.

En Juan capítulo 4, Jesús se encuentra a una mujer samaritana junto al pozo de Jacob, y entabla una conversación con ella. La mujer le dice: “Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar.” (v.20). Y Jesús le contestó: "Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.” (v.21-23). Esta promesa se cumplió cuando Jesús resucitó tres días después de su muerte en la cruz, y al ascender al cielo, vino en su lugar el Espíritu Santo, tal y como él había prometido a sus discípulos.

En Juan capítulo 16, viendo la tristeza de los discípulos al hablarle de su cercana muerte, el Señor les dice: “Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.” (Juan 16:7). Y en Juan 14:26, Jesús les dijo: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.” ¡Qué perfecto es el plan de Dios para la salvación del mundo! Primero envía a su Hijo, el cual paga con su sangre por todos nuestros pecados. Y cuando Jesús resucitó y ascendió al cielo, entonces vino el Espíritu Santo a morar en todo aquel que en él cree, y lo guía en el proceso de santificación. También el Consolador nos enseña a adorar a Dios en espíritu y en verdad, de la misma manera en que Jesús adoraba a su Padre mientras estuvo aquí en la tierra.

Más adelante en esta primera carta a los corintios el apóstol Pablo vuelve a referirse a nuestro cuerpo como “templo del Espíritu.” Dice 1 Corintios 6:19: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” Nunca lo olvides, tú eres el recipiente o edificio que Dios ha escogido para que su Santo Espíritu habite. Vive una vida que glorifique la santa presencia de Dios en ti, de manera que el gozo y la paz del Espíritu Santo se manifiesten siempre en tu vida. Es decir, aviva "el fuego del don de Dios que está en ti", como le dijo Pablo a su hijo espiritual Timoteo. (2 Timoteo 1:6). Y “no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención”, como escribiera Pablo en su carta a los efesios (Efesios 4:30).

ORACION:
Gracias Padre amado, porque has perdonado mis pecados y me has dado el inmenso privilegio de ser templo de tu Santo Espíritu. Por favor, ayúdame a ser un testimonio delante de todos que glorifique tu nombre. Por Cristo Jesús, Amen.