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¿Te estás congregando fielmente? Enviar esta meditación

Hebreos 10:23-25
“Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.”


Una vez confesamos con nuestra boca que Jesús es el Señor, y creemos de todo corazón que Dios le levantó de los muertos somos salvos, dice Romanos 10:9. Entonces somos "nuevas criaturas", dice 2 Corintios 5:17. Esto quiere decir que vamos a actuar de manera diferente a como actuábamos antes. Y una de las cosas más importantes que debemos hacer ahora es unirnos a una iglesia local. Lamentablemente hay muchos creyentes que no asisten a ninguna iglesia. El pasaje de hoy no solamente nos exhorta a mantenernos firmes en la fe, la cual es la base fundamental de nuestra esperanza, sino que también enfatiza en la comunión con los hermanos en la fe, amándonos y animándonos unos a otros a las buenas obras, “no dejando de congregarnos.”

Desde los tiempos primitivos de la iglesia, después de la manifestación del Espíritu Santo en Pentecostés (Hechos capítulo 2), este fue el patrón a seguir por aquellos que creían en el Señor Jesucristo y eran bautizados. La Biblia dice en Hechos 2:41-42: “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.” Y más adelante dice: “Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.” (v.46-47). Dios añadía cada día nuevos miembros a la iglesia porque le agradaba la manera en que ellos llevaban a cabo las enseñanzas de Jesús. A pesar de que han transcurrido muchos años y han surgido diferencias y divisiones en la iglesia producto de ideas y conceptos humanos, es nuestro deber seguir las enseñanzas de aquellos apóstoles que convivieron con Jesús, que fueron testigos presenciales de sus milagros y recipientes directos de su doctrina.

Cada iglesia local es una representación del cuerpo de Cristo. El apóstol Pablo escribe a los corintios y les dice: “Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.” (1 Corintios 12:27). Por tanto, la iglesia es más que una organización; es un organismo vivo que manifiesta a Cristo al mundo. Así dice 1 Corintios 12:12: “Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.” El cuerpo humano es un ejemplo perfecto de unidad y diversidad. El cuerpo es uno, y sin embargo tiene muchos miembros. De igual manera los creyentes son diferentes unos de otros, sin embargo todos juntos constituyen una unidad: el cuerpo. El siguiente versículo (13) explica como vinimos a ser miembros del cuerpo de Cristo: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.”

Debemos estar conscientes de que la iglesia es un cuerpo vivo, por lo tanto debe tener miembros que funcionen. Esto incluye identificarse con Cristo y con su pueblo mediante el bautismo, la Cena del Señor, el ejercicio de los dones espirituales que cada uno tenga, el estudio de la Palabra de Dios, la comunión con otros creyentes, la oración y el apoyo de unos a otros en medio de las pruebas, como nos enseña la Palabra de Dios.

Si no estás formando parte de una iglesia local, hazte el propósito de unirte a una lo más pronto posible. Visita algunas iglesias por el área donde vives, ora y pide al Señor que te indique claramente aquella a la cual él desea añadirte.

ORACION:
Bendito Dios, te ruego me ayudes a encontrar la iglesia a la cual tú deseas que yo me una y capacítame, como miembro del cuerpo de Cristo, a llevar a cabo mi función de manera efectiva. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.