Mayo 2018
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Filipenses 2:5-11
“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.”


Servir a Dios es el privilegio más grande que un ser humano puede llegar a tener. En el pasaje de hoy, el apóstol Pablo exhorta a los cristianos de la iglesia de Filipos a que sientan y actúen de la misma manera que lo hizo Cristo Jesús, el cual siendo igual a Dios, “se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo.” Jesús se despojó de su gloria, de su majestad, de su divinidad para hacerse semejante a los hombres y servir. La palabra griega que se utiliza para definir “despojarse” literalmente significa “vaciar”. Es “sacar algo de un recipiente hasta que quede vacío”; es “derramar algo de tal manera que no quede nada”. Jesús renunció voluntariamente al poder, la paz, las riquezas y la gloria de la divinidad con el fin de hacerse hombre. Así afirma Pablo en su segunda carta a los corintios: “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.” (2 Corintios 8:9).

Pero aun fue más allá Jesús. Dice este pasaje que tomó “forma de siervo.” La palabra griega usada aquí realmente significa “esclavo”. Este es el nivel más bajo al que podía llegar un hombre en aquellos tiempos. Y Jesús no lo tuvo en cuenta, sino que aun hizo más pues “se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” Jesús se despojó de la divinidad para asumir la humanidad. Y lo hizo con el fin de servirnos nada menos que ofreciendo su vida en la cruz del Calvario para que nosotros tuviéramos la salvación de nuestras almas. “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre”, nos dice el pasaje de hoy.

Imitar a Jesús debe ser nuestro principal objetivo en la vida, y lo primero que tenemos que hacer para lograrlo es despojarnos de toda actitud egoísta y revestirnos de un profundo deseo de servir a Dios y a aquellos que nos rodean. Servir trae paz y gozo al corazón, pues nos hace sentir en la misma presencia del Señor. Al referir la parábola de los talentos a sus discípulos, Jesús se refiere a uno de los siervos que obedeció y fue fiel a su señor de la siguiente manera: “Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.” (Mateo 25:23). No se refiere exclusivamente al momento en que nos encontremos con Cristo en el cielo, sino que es una experiencia que podemos vivir en esta vida cuando somos fieles y servimos al Señor.

¿Sientes el llamado de Dios a servirle en algún ministerio? Pide al Señor en oración cada día de tu vida que abra tus oídos espirituales y te permita escuchar claramente su voluntad. Entonces dispón tu corazón para obedecerle y servirle. Nunca te sientas incapaz de servir a tu Padre celestial, pues él no llama a los capacitados; más bien él capacita a los llamados. Con toda seguridad vas a experimentar una paz y un gozo indescriptibles y el Señor te bendecirá abundantemente.

ORACION:
Padre santo, te ruego me des discernimiento espiritual para percibir toda oportunidad de servirte que se presente delante de mí, y capacítame para hacerlo de manera que tu nombre sea glorificado. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.