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Juan 10:7-11
“Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas. Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.”


Un alpinista veterano estaba compartiendo sus experiencias con un grupo de novatos que se preparaban para su primera escalada importante. Él había conquistado muchas de las cimas más difíciles del mundo, así que contaba con la autoridad para darles consejos. "Recuerden esto: -- les dijo -- Vuestra meta principal es llegar a la cima, pero de igual importancia es experimentar la alegría de la escalada y disfrutar cada paso que asciendan. Si vuestro propósito al escalar es solamente evitar la caída, vuestra experiencia será insignificante."

En esta pequeña historia podemos ver una aplicación a la experiencia cristiana. Jesús entregó su vida en la cruz del Calvario con el fin de librarnos de la condenación del infierno y que disfrutemos de vida eterna en el cielo. Esto es realmente maravilloso pero no fue este el único propósito. Tan pronto creemos y lo aceptamos como nuestro salvador comenzamos a disfrutar esa vida eterna que él nos ofrece aquí en este mundo lleno de sufrimientos, enfermedades, ansiedades, temores, amenazas de guerras y de ataques terroristas. Aún en medio de todas estas circunstancias y otras todavía peores podemos disfrutar de una vida llena de paz y de gozo si confiamos totalmente en el Señor. Si mantenemos una relación íntima con él podemos vivir una vida próspera y bendecida, “vida en abundancia”, como dice el pasaje de hoy.

Conversando con sus discípulos, Jesús les dijo: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33). Esto quiere decir que si confiamos en el Señor, aún en medio de las pruebas podemos disfrutar de la paz de Dios. No tenemos que limitarnos a una vida mediocre controlada por las circunstancias. En el pasaje de hoy Jesús nos dice: “Yo soy la puerta: el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.” A través de él y sólo a través de él podemos llegarnos a Dios y disfrutar de su santa presencia. Así lo expresó el apóstol Pablo en su carta a los efesios: “Porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.” (Efesios 2:18).

David, hombre conforme al corazón de Dios, pudo disfrutar de la paz y el gozo de la presencia del Señor porque se esforzó en seguir la senda trazada por él. Hubo ocasiones en las que falló y cometió pecado, pero se arrepintió de corazón y clamó a Dios por su perdón. El Señor lo perdonó y lo restauró. Por eso David declaró en el Salmo 16:11: “Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre.” Esas delicias, ese gozo indescriptible, esa suprema calidad de vida están a tu disposición y podrás disfrutarlas plenamente si sigues la senda que Dios te ha trazado.

No es fácil para el ser humano seguir el camino señalado por Dios, pero él ha prometido una vida de paz y de gozo a los que lo sigan, dejando el camino de los placeres del mundo. Así lo enseñó Jesús en el Sermón del Monte: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.” (Mateo 7:13-14).

Acércate al buen pastor, sométete a su cuidado de manera incondicional como oveja mansa y obediente en todo y esa vida "en abundancia" se manifestará en ti. Busca el rostro del Señor cada día en oración, deléitate en su presencia, escudriña la Biblia, haz la voluntad de Dios, asiste a una iglesia, sírvele en algún ministerio. Entonces disfrutarás tu vida al máximo.

ORACION:
Mi amante Padre celestial, te ruego me des discernimiento para entender el verdadero significado de las palabras de Jesús acerca de la vida que él me ofrece, y ayúdame a disfrutar plenamente de esa vida abundante cualesquiera sean las circunstancias que me rodeen. En el nombre de Jesús, Amén.