Abril 2019
DLMMJVS
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
282930 

 
¿Crees tú en los milagros? Enviar esta meditación

Génesis 1:1-5
“En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día.”


¿Has pensado alguna vez mientras contemplas un precioso día soleado con un cielo azul sin una sola nube que hubo un tiempo durante el cual lo único que había en el espacio era un enorme vacío, desorden total y profundas tinieblas que lo cubrían todo? Entonces Dios habló y se produjeron cambios profundos, y “fue la luz”, y surgió el Día y la Noche, y aparecieron los cielos y la tierra y todo lo que actualmente existe. Ese cielo azul que hoy contemplamos, esos mares, esas montañas, esos árboles, esas lindas flores, todo lo que nos rodea ha sido obra del Dios todopoderoso “creador de los cielos y la tierra.” Es tan grande su poder que Lucas 1:37 declara que “nada hay imposible para Dios.” Y en Jeremías 32:27 Dios declara: “He aquí que yo soy Jehová, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para mí?”

La Biblia nos enseña como ese inmenso poder de Dios se manifiesta para proteger y ayudar a sus hijos. Vemos por ejemplo en Daniel capítulo 3 la ocasión en la que el rey Nabucodonosor mandó que tres jóvenes judíos (Sadrac, Mesac y Abed-nego) fueran echados al horno de fuego ardiendo por no adorar la estatua de oro que él había mandado a construir. No había, desde el punto de vista humano, la más mínima esperanza de que esos jóvenes sobrevivieran. Sin embargo, el ángel de Jehová entró junto con ellos al horno y los sacó completamente ilesos, y “ni siquiera olor de fuego tenían”, dice Daniel 3:27. Vemos también más adelante cuando Daniel, injustamente, fue echado al foso de los leones y todo parecía indicar que ese sería el final de su vida. Pero al día siguiente, cuando el rey Darío se acercó al foso y llamó a voces a Daniel, éste pudo contestarle: “Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones, para que no me hiciesen daño, porque ante él fui hallado inocente; y aun delante de ti, oh rey, yo no he hecho nada malo.” (Daniel 6:22).

La Biblia está llena de historias como éstas de hombres y mujeres que, habiéndose encontrado en situaciones extremadamente difíciles, humanamente imposibles de resolver pusieron su confianza en Dios y al final sucedió un milagro y salieron triunfantes. Y por encima de todas esas maravillas el más grande milagro de la historia de la humanidad: La resurrección de Jesús, a quien Dios levantó de la fría y oscura tumba para traer al mundo su luz redentora y dar vida eterna a todo aquel que cree en él. Por eso la Biblia le llama “el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno.” (Hebreos 13:20).

Dios ha prometido estar con sus hijos siempre, cualesquiera fuesen las circunstancias. Y él siempre cumple sus promesas. Así dice Josué 21:45: “No faltó palabra de todas las buenas promesas que Jehová había hecho a la casa de Israel; todo se cumplió.” Y en el Nuevo Testamento leemos que “fiel es el que prometió.” (Hebreos 10:23).

¿Estás en medio de una situación que parece no tener solución? ¿Te han dicho los médicos que tu enfermedad o la enfermedad de un ser querido es incurable? Si es así, ¿crees tú que Dios puede hacer un milagro? ¿Confías de todo corazón que Dios puede cambiar las circunstancias negativas que te rodean y convertirlas en bendición para tu vida? Si Dios pudo crear el universo entero de la nada, él puede tomar esa situación difícil en la que estás y transformarla en algo maravilloso para ti y tu familia. Si el Señor pudo sanar leprosos, paralíticos, ciegos y todo tipo de enfermos en aquellos tiempos, hoy puede sanar cualquier enfermedad aunque para la ciencia no sea posible.

Busca el rostro del Señor en oración cada día de tu vida. Mantén una actitud de fe confiando plenamente en el poder y el amor de Dios. Descansa en sus promesas, cree en ellas de todo corazón y espera en el Señor.

ORACION:
Bendito Padre celestial, ayúdame a confiar en ti plenamente. Por favor quita toda duda y temor de mi mente y hazme ver claramente que tú puedes abrir caminos donde parece que ha llegado el final. Pongo en tus manos esta situación y espero en ti. En el nombre de Jesús, Amén.