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¿Cómo adoras tú a Dios? Enviar esta meditación

Mateo 2:1-2
“Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.”


Estos "magos" que menciona este pasaje eran hombres sabios, conocedores de Filosofía, Medicina y Astronomía, y también eran muy estudiosos de las Escrituras. Por eso conocían la promesa de “la estrella de Jacob” (mencionada en Números 24:17), la cual anunciaría el nacimiento del Salvador del mundo. Una noche vieron una luz muy brillante e inmediatamente supieron que se trataba de "la estrella" que los guiaría hasta el lugar del nacimiento de Jesús. Y se dispusieron a seguirla. Y después de un largo viaje llegaron a Jerusalén. Allí averiguaron con exactitud donde habría de nacer el Mesías. Entonces continuaron su camino hacia Belén. Luego la estrella reaparece y los guía deteniéndose exactamente sobre la casa donde estaba el niño.

Más adelante, dice el v.11 de este capítulo que “al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron.” Aquí podemos notar un dato muy significativo: Para el tiempo que los magos llegaron a Jerusalén ya Jesús no era un bebé. Cuando ellos llegaron adonde estaba Jesús, dice que entraron “en la casa” no en un establo; y “vieron al niño...” La palabra griega que se usa aquí no describe a un bebé, sino a un niño de aproximadamente año y medio a dos años de edad. Por eso, más adelante, Herodes manda a matar a los niños menores de dos años con la intención de eliminar a Jesús (Mateo 2:16). No se sabe con exactitud el tiempo transcurrido desde que los magos vieron "la estrella" por primera vez hasta el momento en que “vieron al niño”, pero sí sabemos que fue un largo recorrido, viajando sobre el lomo de sus camellos, por terrenos accidentados y desconocidos para ellos, pasando mil dificultades e incomodidades, con el único propósito de encontrar al Salvador del mundo y adorarle.

La pregunta es: ¿Te cuesta trabajo levantarte temprano todos los días para adorar al Señor? ¿Te resulta muy difícil ir el domingo al servicio de adoración? Reflexiona un momento sobre esto: Aquellos magos estuvieron dispuestos a enfrentar todo tipo de dificultades e inconvenientes porque de todo corazón querían adorar al Señor. ¡Ahí está la clave! No era algo secundario en sus vidas. Era una prioridad. El v.11 termina diciendo que, después de postrarse y adorar al niño, aquellos hombres, “abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.” Generalmente, sobre todo en los países latinos donde se celebra todos los años la llegada de los "Reyes Magos", se hace alusión exclusivamente a los regalos que le ofrecieron al niño Jesús. Pero nótese que tan pronto entraron a la casa aquellos hombres lo primero que hicieron fue postrarse y adorar al niño. Y no fue hasta después de la adoración que ellos ofrecieron los regalos. No había absolutamente nada que ocupara un lugar más importante en sus corazones que adorar y entregar sus vidas al Rey de reyes y Señor de señores.

Esta es la manera en que Dios desea que le adoremos. Su Palabra nos dice que él busca adoradores que le adoren en “espíritu y en verdad” (Juan 4:23). No quiere esto decir que tenemos que estar postrados todo el día adorando a Dios, sino que en todo lo que hagamos tratemos de agradarle, que en cada una de nuestras acciones pongamos de manifiesto que le amamos y no queremos herir sus sentimientos. Esta es la verdadera adoración. Y la verdadera adoración muchas veces requiere sacrificio de nuestra parte, porque de la nada surgen dificultades e inconvenientes a los que en muchas ocasiones cedemos sin apenas hacer un esfuerzo.

Ciertamente de nada vale que conozcamos la Biblia si no aplicamos en nuestras vidas las enseñanzas y mandamientos de Dios. Es necesario guardar en nuestros corazones la palabra de Dios y hacer de ella nuestra guía en todo lo que hagamos día tras día. De esta manera estaremos agradando al Señor, y mostrándole que le amamos sobre todas las cosas, y adorándole como solamente él merece que le adoremos.

ORACION:
Bendito Padre celestial, por favor ayúdame a amarte por sobre todas las cosas, incluyendo mi familia, mi trabajo, mis posesiones y hasta mi propia vida, de manera que yo pueda adorarte en espíritu y en verdad en todo lo que yo haga y diga. Te lo ruego en el nombre de Jesús, Amén.