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Hebreos 11:6
“En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan.”


La Biblia dice que Dios tiene planes de bienestar y prosperidad para sus hijos (Jeremías 29:11). Pero para que esos planes se lleven a cabo es necesario que sigamos sus instrucciones. En Deuteronomio 28:1-2 Moisés se dirige al pueblo de Israel y les dice: “Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios.” Lamentablemente aquel pueblo desobediente no siguió las instrucciones de Dios y se perdieron de todas las bendiciones que él tenía para ellos. Por eso el Señor les dijo: “¡Oh, si hubieras atendido a mis mandamientos! Fuera entonces tu paz como un río, y tu justicia como las ondas del mar.” (Isaías 48:18).

En Malaquías capítulo 3, Dios amonesta al pueblo de Israel por su desobediencia. Allí les dice: “Os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros.” (v.7). Entonces, específicamente se refiere al aspecto económico y les dice: “Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.” (v.10). Ciertamente podemos ver en estas palabras la relación directa entre la obediencia a Dios y la recompensa divina aquí en la tierra. Sin embargo, aun sabiendo esto, muchas veces actuamos como aquel pueblo de Israel y desobedecemos la palabra de Dios.

Cuando recibimos a Jesucristo como nuestro salvador fuimos hechos "hijos de Dios", dice Juan 1:12. Y Gálatas 4:7 añade que "ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo." Muchos piensan que esta herencia está reservada estrictamente para cuando lleguemos al cielo y allí disfrutemos de la vida eterna, pero lo cierto es que, por la infinita misericordia de Dios, tenemos la promesa de que recibiremos la recompensa a la que se refiere el pasaje de hoy no solamente en el cielo, sino también aquí en la tierra. Así dijo Jesús en Juan 10:10: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” Para ello es necesario que escuchemos sus instrucciones y las obedezcamos fielmente. Así nos dice el Señor en Juan 15:7: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.”

Está claro que nuestra obediencia es factor principal para que recibamos las bendiciones del cielo. Vemos un ejemplo en Lucas capítulo 5. Aquí leemos que Simón Pedro y sus compañeros habían pasado toda la noche pescando sin haber cogido un solo pez. Entonces Jesús se les acercó y le dijo a Simón: “Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.” (v.4). Él le respondió: “Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red.” Y tan pronto ellos obedecieron, pescaron tantos peces que “su red se rompía.” (v.6). Conclusión: Cuando obedecemos a Dios somos bendecidos abundantemente.

Entonces, ¿debemos ser obedientes sólo con el fin de obtener una recompensa? Por supuesto que no. Debemos obedecer a Dios por quien él es. Porque él "es bueno y para siempre es su misericordia." (Salmo 100:5). Y "su fidelidad es para siempre." (Salmo117:2). Debemos amarle y honrarle porque él nos amó primero de tal manera que “ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16). Nuestro agradecimiento y nuestro amor deben motivar nuestra obediencia. Jesús dijo: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.” (Juan 14:21). No lo olvides: Cuando tú obedeces al Señor, él siempre se manifestará en tu vida y te bendecirá.

ORACION:
Mi amante Padre celestial, te ruego aumentes mi fe para confiar en ti y obedecerte sabiendo que tú te manifestarás en mi vida y me bendecirás a mí y a mi familia. En el nombre de Jesús, Amén.