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¿Eres insensible al pecado? Enviar esta meditación

Efesios 4:17-19
“Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza.”


El ser humano tiene una gran capacidad de adaptación a los cambios que ocurren en su aspecto físico, emocional, mental o en las circunstancias del medio ambiente que le rodea. Esto es muy bueno porque esos cambios podrían afectarnos mucho más si no tuviéramos esta capacidad de adaptarnos a ellos. Sin embargo, cuando se trata del aspecto moral y espiritual existe un gran peligro de que nos adaptemos progresivamente a conceptos y principios que no están de acuerdo a la Palabra de Dios y poco a poco, inconscientemente, los vayamos aceptando, de manera que al cabo de un tiempo los hacemos parte de nuestra manera de pensar y actuar. Lo que realmente sucede es que vamos perdiendo la sensibilidad que nos permite estar alertas a las artimañas del diablo, y llega un momento en que nos volvemos insensibles, y por lo tanto no les damos la importancia que debemos darle con el fin de rechazarlas.

En una ocasión se hizo un interesante experimento que puede darnos una idea del peligro de esa adaptación gradual a situaciones que nos llevan a la pérdida de la sensibilidad. Pusieron un sapo dentro de un recipiente con agua. Comenzaron a calentar el agua a razón de una centésima de grado cada segundo. El tiempo fue pasando, el agua se fue calentando y el sapo no daba señal alguna de incomodidad. Al cabo de unas horas, sin embargo, el animal estaba muerto dentro del agua la cual había alcanzado el nivel de ebullición. El experimento demostró que la piel del sapo se fue adaptando a los cambios progresivos de temperatura y por lo tanto no cumplió su función de enviar al cerebro la señal del inminente peligro que implicaba el constante incremento de la temperatura del agua.

El diablo ha estado “calentando el agua” poco a poco y la humanidad (incluyendo muchos creyentes) no se ha dado cuenta del peligro. Sólo tenemos que fijarnos en las cosas que se están viendo actualmente en la televisión. La inmensa mayoría de ellas eran totalmente inaceptables hace unos años. Otro ejemplo es la manera en que los homosexuales han logrado progresivamente promover sus principios y conceptos en el mundo, al punto que la mayoría de ellos ya no considera necesario ocultar su estilo de vida, sino todo lo contrario, muchos se sienten “orgullosos” de darlo a conocer públicamente. Como resultado, el matrimonio entre personas del mismo sexo ha sido legalizado en muchas partes del mundo (incluyendo los Estados Unidos, país que fue fundado bajo principios estrictamente cristianos). Se les permite adoptar niños y se les han concedido privilegios que hace unos cuantos años ni soñaban con tener. Tristemente muchos líderes cristianos, poco a poco han ido aceptando esta situación a pesar de que claramente está en contra de lo establecido en la Palabra de Dios.

Lo peor del caso es que “el agua se sigue calentando” y el peligro de muerte es cada vez mayor. El pasaje de hoy es parte de la carta del apóstol Pablo a la iglesia de Efeso, en la que les advierte que no actúen como aquellos no creyentes que tienen el entendimiento entenebrecido, “los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza.” El único antídoto contra un entendimiento entenebrecido y la consiguiente pérdida de la sensibilidad es la luz redentora de Jesucristo, quien declaró: “Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas.” (Juan 12:46).

Busca cada día de tu vida esa preciosa luz en la Palabra de Dios. Léela, medita en ella, aplícala en tu vida, pasa tiempo en oración. Así podrás mantenerte sensible y alerta ante el peligro del pecado y la inmoralidad de este mundo y rechazar todo aquello que no glorifica el nombre de Dios.

ORACION:
Bendito Dios, te ruego me des discernimiento espiritual para poder reconocer todo aquello que viene del diablo y dame la fuerza y el valor para rechazarlo inmediatamente, y así no correr el riesgo de llegar a ser insensible a las cosas que entristecen tu Espíritu. En el nombre de Jesús, Amén.