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Lucas 12:42-48
“Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente al cual su señor pondrá sobre su casa, para que a tiempo les dé su ración? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. En verdad os digo que le pondrá sobre todos sus bienes. Mas si aquel siervo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a los criados y a las criadas, y a comer y beber y embriagarse, vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y le castigará duramente, y le pondrá con los infieles. Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá.”


Todo padre o madre que ha criado hijos entiende que enseñar disciplina y obediencia a los niños es una difícil y constante batalla. Sabemos que nuestros hijos o nietos prueban nuestras reglas, y con frecuencia nos desafían. Ellos saben que no deben mirar ciertos programas de televisión, ni quedarse despiertos hasta muy tarde, ni usar un tono de voz irrespetuoso, ni pelear con sus hermanos, ni decir mentiras. Pero lo hacen. Muchas veces nosotros actuamos de igual manera con nuestro Padre celestial. Sabemos lo que es bueno y lo que es malo. Hemos leído la Biblia. Hemos sentido en nuestros corazones la convicción del Espíritu Santo. Sabemos que “eso” está mal, y por lo tanto no debemos hacerlo. Pero lo hacemos. Así actuaron Adán y Eva en el paraíso. ¿Acaso no sabían ellos que no debían comer el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal? Claro que lo sabían. Pero lo hicieron.

El rey David sabía que no debía desear una mujer casada, mucho menos cometer adulterio al acostarse con ella. Pero lo hizo. Aun más, él sabia perfectamente que matar es pecado, pero cometió homicidio con el esposo de esa mujer. Tiempo después, David fue confrontado por el profeta Natán. Entonces reconoció su pecado y se arrepintió de todo corazón. Fiel a su palabra, Dios lo perdonó, pero David tuvo que pagar las consecuencias de su caída, pues el hijo producto de su adulterio enfermó gravemente, y a los siete días murió. (2 Samuel 12:14).

Una cosa está clara en la Biblia: todo pecado tiene malas consecuencias. El pasaje de hoy nos dice que “aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes.” Adán y Eva pecaron conscientemente, y fueron echados del huerto del Edén, y se perdieron todas las bendiciones que recibían diariamente de Dios. De igual manera David, además de sufrir por la muerte de su hijo, se perdió bendiciones que Dios tenía preparadas para él. Natán le enumeró a David todo lo que el Señor le había dado, y entonces le dijo: “Y si esto fuera poco, te habría añadido mucho más.” (2 Samuel 12:8). ¡Dios tenía planeado bendecirle mucho más! Seguidamente el profeta le ratifica a David la causa de sus desdichas: “¿Por qué, pues, tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos?”

El pasaje de hoy dice también que “el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco.” Aquel que sin conocer la voluntad de Dios comete pecado, también recibirá castigo aunque menor. Es decir, no hay excusas para el que peca. De una manera u otra el pecado nos aleja de Dios y sus bendiciones. Conocer la voluntad de Dios debe ser una prioridad en todo creyente que desea agradar a su Padre celestial. Esto sólo se consigue por medio de la lectura de la Biblia diariamente. Y una vez conocemos su voluntad debemos orar pidiendo las fuerzas para llevarla a cabo en nuestro diario vivir.

En algún momento nuestra naturaleza humana nos hará caer en pecado. Pero la Biblia dice que “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” (1 Juan 1:9). Y Dios cumple su promesa cuando nos arrepentimos de todo corazón. Hagamos todo lo posible por ser como “aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así”, o sea como le fue ordenado. Entonces disfrutaremos de muchas bendiciones.

ORACION:
Padre santo, te ruego me capacites para conocer tu voluntad y ayúdame a llevarla a cabo cada día de mi vida. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.