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¿Te has reconciliado con Dios? Enviar esta meditación

Romanos 5:10-12
“Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación. Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.”


Al principio de la creación, Adán y Eva disfrutaban de una linda relación con Dios. Conversaban con él a diario, recibían todo tipo de bendiciones, en fin eran muy felices. Dios les dijo que podían comer de todo árbol del huerto, excepto del árbol de la ciencia del bien y el mal, “porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.” (Génesis 2:17). El Señor quería establecer que al igual que ellos podían esperar de él todo tipo de bendiciones, él esperaba que ellos fueran obedientes y respetaran esta regla.

Pero un día, astutamente, la serpiente sedujo a Eva y ésta comió la fruta prohibida, y después comió Adán. La consecuencia fue que ambos murieron, no físicamente, sino espiritualmente, pues Dios los echó del paraíso. Esto es muerte espiritual: separación del hombre y Dios. Aquella linda relación terminó por causa del pecado. La comunicación que había originalmente con Dios dejó de existir. Es como si tú estuvieras conversando muy animadamente por teléfono con alguien y de momento alguien corta el cable telefónico. ¿Qué sientes? ¡Nada! ¡Un inmenso vacío! A ese vacío se refirió Blas Pascal, matemático, físico y filósofo francés, cristiano devoto, cuando dijo: “En el corazón de todo hombre existe un vacío que sólo puede ser llenado por Dios.” Y ese vacío “pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron“, dice el pasaje de hoy.

El 21 de enero de 1930, el rey Jorge V de Inglaterra tenía que pronunciar el discurso de apertura de la Conferencias sobre Armas de Londres. El mensaje del rey sería transmitido por radio a todo el mundo. Lamentablemente, unos minutos antes de que el rey hablara, un miembro del personal de la Red Radiodifusora de Columbia (CBS) tropezó con un alambre eléctrico y lo rompió, por lo que toda la audiencia de América quedó desconectada de la red. En aquel instante, sin la más mínima vacilación, Harold Vidian, jefe del control de operaciones, agarró un extremo del alambre roto con la mano derecha y el otro con la izquierda, de manera que la electricidad pasaba por su cuerpo, restaurando así el circuito eléctrico. Ignorando el dolor, Vidian se mantuvo así hasta que el rey terminó su discurso. Aquel día, el nombre de Harold Vidian se convirtió en sinónimo de heroísmo.

Hace 2,000 años, con sus manos extendidas en la cruz del Calvario, soportando el terrible dolor de la crucifixión, Jesús hizo algo similar a esta acción de Harold Vidian, pero con un significado infinitamente más profundo y trascendental. Allí, Jesucristo entregó su vida con el fin de construir un puente entre Dios y la humanidad, permitiendo de esta manera el acceso directo a nuestro Creador que fue interrumpido aquel día en que Adán y Eva pecaron. Es como si él hubiese reparado el cable telefónico roto por el pecado original y de nuevo la comunicación se estableciera. Esto es “reconciliación”, es decir restablecimiento de una relación que había sido rota.

Dice el pasaje de hoy que “fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo.” Esta es la parte que corresponde a Dios. Él nos ha extendido su mano por medio del sacrificio de su Hijo, “para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.” (Juan 3:16). Ahora corresponde a cada ser humano dar el paso para cruzar ese puente establecido por Jesús y acercarse a Dios. No existe otro camino, no hay otra manera de llegar a Dios, no hay otra forma de alcanzar el cielo, sino por medio de Jesucristo. Así lo declaró él en Juan 14:6: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” Cuando entendemos esto, cuando lo creemos de corazón y lo confesamos con nuestros labios somos reconciliados con Dios, es decir somos salvos, dice la Biblia en Romanos 10:9-10. Y ese vacío en el corazón se llena de paz y de gozo.

ORACION:
Amante Padre celestial, gracias te doy por haber enviado a Jesucristo, quien con su muerte hizo posible mi reconciliación contigo. Por favor ayúdame a vivir una vida que glorifique tu nombre. En el nombre de Jesús, Amén.