Abril 2018
DLMMJVS
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
2930 

 
Cuando Dios te habla, ¿cómo respondes?  Enviar esta meditación

Salmo 81:8-16
“Oye, pueblo mío, y te amonestaré. Israel, si me oyeres, no habrá en ti dios ajeno, ni te inclinarás a dios extraño. Yo soy Jehová tu Dios, que te hice subir de la tierra de Egipto; abre tu boca, y yo la llenaré. Pero mi pueblo no oyó mi voz, e Israel no me quiso a mí. Los dejé, por tanto, a la dureza de su corazón; caminaron en sus propios consejos. ¡Oh, si me hubiera oído mi pueblo, si en mis caminos hubiera andado Israel! En un momento habría yo derribado a sus enemigos, y vuelto mi mano contra sus adversarios. Los que aborrecen a Jehová se le habrían sometido, y el tiempo de ellos sería para siempre. Les sustentaría Dios con lo mejor del trigo, y con miel de la peña les saciaría.”


Dios habló en muchas ocasiones al pueblo de Israel. A través de los profetas les dio claras instrucciones de lo que debían hacer con el fin de obtener las bendiciones que él tenia preparadas para ellos. En este pasaje, Dios les recuerda que él fue el que los sacó de la esclavitud en la que se encontraban en Egipto. Sólo por esto, debieron haber estado eternamente agradecidos al Señor, pero no lo estaban pues no actuaban con el propósito de agradarle, sino todo lo contrario, escuchaban su exhortación y la ignoraban, desobedecían, caminaban en sentido contrario al indicado y hacían lo que les venía en gana. Dios les mandó que no adoraran a otro dios que no fuera él, y ellos se hicieron estatuas e imágenes y las adoraron. Les ofreció absolutamente todo lo que necesitaban, de gratis, sin apenas esfuerzo de su parte. “Abre tu boca, y yo la llenaré”, les dijo en este pasaje. En otras palabras: “Simplemente dime lo que necesitas, e inmediatamente será satisfecha tu necesidad.” Pero como había una condición previa, que era la obediencia, ellos decidieron despreciar los ofrecimientos de Dios, pensando que podían auto abastecerse ellos mismos, y por lo tanto no necesitaban la ayuda del Señor. ¡Qué error tan grande!

Por eso Dios decidió apartarse a un lado, y los dejó que siguieran sus propios caminos. Ellos no escucharon y “caminaron en sus propios consejos.” Los resultados son conocidos por todos aquellos que han seguido en la Biblia la historia del pueblo de Israel. El pasaje de hoy termina con una relación de todo lo que Dios tenía preparado para ellos, pero que se perdieron: Sus enemigos hubieran sido destruidos o sometidos a ellos; no les hubiese faltado alimento de la mejor calidad, y por siempre hubiera sido su comunión con Dios, y su eterna protección y cuidado. En Isaías 48:18, Dios resume la actitud de su pueblo: “¡Oh, si hubieras atendido a mis mandamientos! Fuera entonces tu paz como un río, y tu justicia como las ondas del mar.”

¡Qué tontos! ¿Verdad? Cuando pensamos por un momento en lo bien que hubiesen vivido los israelitas con sólo seguir las instrucciones de Dios, no entendemos su actitud. Han pasado muchos siglos pero la obediencia sigue siendo la clave para recibir las bendiciones que Dios tiene preparadas para sus hijos. Él nos habla ahora por medio de su Palabra. Nos habla también a través de otras personas, o por las circunstancias que nos rodean, las cuales él mueve de forma providencial. De alguna manera el mensaje divino va a llegar a nosotros, y entonces depende de nosotros seguir las instrucciones y recibir esas bendiciones, o desobedecer como los israelitas y perdernos todas las cosas lindas que nuestro Padre celestial desea darnos.

Hay muchas maneras en las que podemos responder cuando Dios nos habla. Por ejemplo: “No tengo tiempo”; “Estoy muy ocupado”; “Quizás mañana”; “No creo que sea capaz”; “Tengo miedo”; “No tengo deseos.” Cualquiera de estas respuestas nos llevará al mismo resultado de fracaso y desdicha que sufrieron los israelitas. Reflexionemos en la enseñanza de hoy, y si de corazón queremos seguir las instrucciones de Dios pero nos está resultando muy difícil obedecerlas en cualquier aspecto, clamemos a él buscando su ayuda. Él conoce nuestro corazón y está consciente de nuestra debilidad. Si de verdad deseamos obedecerle, su Santo Espíritu nos dará las fuerzas y nos capacitará para hacerlo. Entonces nuestro Padre celestial nos colmará de todo tipo de bendiciones.

ORACION:
Padre santo, te ruego me des discernimiento espiritual para escucharte cuando me hables, y aumenta mi fe para obedecer tus instrucciones, y así poder disfrutar de tus muchas bendiciones. En el nombre de Jesús, Amén.