Marzo 2019
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¿Dónde tienes puesta tu esperanza? Enviar esta meditación

1 Timoteo 6:17-19
“A los ricos de este mundo, mándales que no sean arrogantes ni pongan su esperanza en las riquezas, que son tan inseguras, sino en Dios, que nos provee de todo en abundancia para que lo disfrutemos. Mándales que hagan el bien, que sean ricos en buenas obras, y generosos, dispuestos a compartir lo que tienen. De este modo atesorarán para sí un seguro caudal para el futuro y obtendrán la vida verdadera.”


La gente busca la felicidad de muchas maneras diferentes. Unos piensan que una casa grande y cómoda los hará muy felices, otros anhelan el automóvil de sus sueños, o quizás unas largas vacaciones en un país lejano. Otros se enfocan en una carrera universitaria, o tal vez en triunfar en los negocios, o quizás en la política. Muchos consideran que una buena suma de dinero sería suficiente para ser felices. La lista es larga, pero generalmente la esperanza se pone de una manera u otra en la abundancia de bienes materiales, o sea en las riquezas.

Sin embargo, en el pasaje de hoy el apóstol Pablo le dice a su hijo espiritual Timoteo que mande a los ricos de este mundo “que no sean arrogantes ni pongan su esperanza en las riquezas, que son tan inseguras.” En estos tiempos estamos siendo testigos de esta inseguridad de las riquezas. En medio de los problemas de tipo económico que sufre el mundo hemos escuchado acerca de muchas personas que han perdido sus fortunas prácticamente “de la noche a la mañana”. Capitales que fueron acumulados a través de muchos años han sido reducidos a menos de la mitad de su valor en algunos casos, y lo peor es que nadie puede garantizar que no sigan su descenso. Y sabemos también de miles que han perdido sus casas porque no pudieron pagar la hipoteca al banco. ¡Qué terrible desilusión!

Y aún aquellos a los que supuestamente les ha ido “bien” en el aspecto económico, no tienen ninguna seguridad de que van a ser felices con sus riquezas. ¡Cuántas personas se han ganado millones de dólares en la lotería y su vida se ha convertido en una verdadera desgracia! Son muchos los testimonios de matrimonios terminados en divorcio por esta causa, hijos y padres disgustados por la ambición del dinero, y hasta asesinatos a causa de la codicia producida por los millones.

Jesús habló sobre este tema en Lucas 12:16-21: “También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.” No es por falta de advertencias en la Biblia que muchos cometen el grave error de concentrarse en la búsqueda de riquezas materiales y se despreocupan totalmente de su relación espiritual con Dios. Construyen sus propios tesoros, ponen en ellos toda su esperanza y después sufren las consecuencias.

Pablo también le aconseja a Timoteo que les diga a los ricos “que sean ricos en buenas obras, y generosos.” La generosidad es una cualidad que implica estar siempre dispuestos a dar a los demás, no sólo en el aspecto económico sino en todo lo que signifique ayudar a los que están en necesidad. A Dios le agrada que seamos generosos. La Biblia dice: “Más bienaventurado es dar que recibir.” (Hechos 20:35). También dice la Biblia que “todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.” (Gálatas 6:7). Si queremos recibir en abundancia debemos sembrar en abundancia. Cuando lo hacemos de corazón agradamos a Dios, y él entonces “nos provee de todo en abundancia para que lo disfrutemos”, dice el pasaje de hoy.

Pon tu esperanza en Dios pues es el único que puede proveernos de todo lo que necesitamos, y darnos “la vida verdadera”, en este mundo y por la eternidad. Aplica esta enseñanza en tu vida, pon a Dios en primer lugar y vivirás en paz con la seguridad de su protección y de sus bendiciones.

ORACION:
Padre santo, gracias porque tú nos provees de todo en abundancia y nada habrá de faltarnos si somos obedientes a tu palabra. Por favor ayúdame a profundizar en mi relación contigo y a poner mi esperanza en tu amor y tu misericordia. En el nombre de Jesús, Amén.