Marzo 2019
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¿Formas tú parte de la cadena? Enviar esta meditación

2 Timoteo 2:1-7
“Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús. Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros. Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado. Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente. El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero. Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo.”


Este pasaje es parte de la segunda carta del apóstol Pablo a su hijo espiritual Timoteo. Aquí nos habla de dos acciones: La recepción y la transmisión de la verdad divina, es decir la palabra de Dios. Este proceso comienza en el momento en que por primera vez escuchamos la palabra de Dios. Así dice Romanos 10:17: “La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.” Y Romanos 10:14a dice: “¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído?” Timoteo escuchó la verdad del evangelio de boca del apóstol Pablo (“Lo que has oído de mí…”), la creyó de todo corazón y siguió el consejo de Pablo: “Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo.” Después dedicó su vida a ponerlo en práctica enseñando a otros para que continuaran transmitiendo el evangelio a todo el mundo.

Ciertamente es un privilegio recibir la verdad divina pero es un deber transmitirla. Todo cristiano debe ver en sí mismo un intermediario entre la gracia de Jesucristo que libera y ofrece la vida eterna y un mundo perdido en sus pecados que necesita urgentemente de esta gracia. Aquel que ha recibido la verdad debe también pasársela a otros, pues “¿cómo oirán sin haber quien les predique?”, dice Romanos 10:14b. Alguien oye la Palabra, la cree y la aplica en su vida. Entonces la pasa a otros que no la conocen. Así se forma una cadena que se extiende de generación en generación, de un país a otro, hasta los lugares más remotos de la tierra.

Jesús inició esta cadena cuando, antes de ascender al cielo, dijo a sus discípulos: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado.” (Mateo 28:19-20). Sin duda esta misión era humanamente imposible de llevar a cabo por ellos mismos, pero el Señor tenía en su mente un plan perfectamente diseñado para que sus enseñanzas llegasen a todas partes del mundo a través de muchas generaciones. Cada uno de aquellos primeros discípulos debía hacer nuevos discípulos y enseñarles todo lo que habían aprendido del Maestro. Estos, a su vez, debían hacer lo mismo y así sucesivamente. Esta acción debe continuar hasta que Jesús venga de nuevo.

La expansión y la fortaleza de la Iglesia cristiana dependen de esta cadena irrompible de servidores. Cuando Clemente, obispo de Roma, escribió a la Iglesia de Corinto así describió esta cadena: "Nuestros apóstoles designaron a las personas antes mencionadas (los ancianos) y después ellos proveyeron una continuidad, para que si esas personas se dormían otros hombres aprobados pudieran continuar con su ministerio." Cada creyente debe ser un eslabón en la cadena viviente que se extiende sin roturas desde la ascensión de Jesucristo hasta el presente y hacia el día de su regreso a la tierra.

Es cierto que muchos cristianos no tienen el don de la oratoria, ni tienen la habilidad de enseñar o exponer la fe cristiana. Pero con toda seguridad pueden testificar con sus vidas acerca de la verdad del evangelio y la vida eterna por medio de Jesucristo. ¿Has entendido tu responsabilidad en el plan de salvación de Dios? Hay un mundo perdido cuya salvación depende de nuestra disposición a permanecer firmes como eslabones de esa cadena de liberación. Y a nuestro Padre le agrada que nos unamos a su plan.

Así lo resume Pablo en su carta a los romanos: “¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” (Romanos 10:15).

ORACION:
Bendito Padre celestial, te doy gracias porque tu palabra ha llegado a mi vida por medio de alguien que decidió obedecerte. Te ruego me capacites para ser usado por ti como intermediario en tu plan de salvación para este mundo. En el nombre de Jesús, Amén.