Marzo 2019
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Salmo 56:1-11
“Ten misericordia de mí, oh Dios, porque me devoraría el hombre; me oprime combatiéndome cada día. Todo el día mis enemigos me pisotean; porque muchos son los que pelean contra mí con soberbia. En el día que temo, yo en ti confío. En Dios alabaré su palabra; en Dios he confiado; no temeré. ¿Qué puede hacerme el hombre? Todos los días ellos pervierten mi causa; contra mí son todos sus pensamientos para mal. Se reúnen, se esconden, miran atentamente mis pasos, como quienes acechan a mi alma. Pésalos según su iniquidad, oh Dios, y derriba en tu furor a los pueblos. Mis huidas tú has contado; pon mis lágrimas en tu redoma; ¿No están ellas en tu libro? Serán luego vueltos atrás mis enemigos, el día en que yo clamare; esto sé, que Dios está por mí. En Dios alabaré su palabra; en Jehová su palabra alabaré. En Dios he confiado; no temeré; ¿Qué puede hacerme el hombre?”


Mientras huía del rey Saúl que lo quería matar, David fue a parar a la tierra de Gat. Allí, al sentirse rodeado de filisteos por todas partes, él sintió mucho temor y entonces escribió este Salmo, el cual se conoce como “La paloma entre extraños” o “La paloma silenciosa en paraje muy distante”. Puesto que la paloma representa la inocencia indefensa, es comprensible que David haya sido comparado con ella. Sin embargo, aunque indefenso, David sabía que una fuerza divina estaba obrando en su favor. Por eso pudo declarar: “En Dios he confiado; no temeré. ¿Qué puede hacerme el hombre?”

Etty Hillesum era una joven judía que vivía en Amsterdam en 1942. En aquel tiempo, los nazis estaban arrestando judíos y enviándolos como a ganado a los campos de concentración. Mientras esperaba un arresto inevitable y sintiendo temor a lo desconocido, Etty empezó a leer la Biblia y así entabló una íntima comunión con Dios. De repente encontró un valor que la dejó sorprendida. Entonces escribió en su diario: “Desde todos los ángulos nos viene la destrucción y pronto se cerrará el círculo y absolutamente nadie podrá venir en nuestro auxilio. Pero no siento que estoy en las garras de nadie. Me siento segura en los brazos de Dios. Y ya sea que esté sentada en mi viejo y querido escritorio en el distrito judío, o en un campo de concentración bajo la vigilancia de los guardias, me sentiré segura en los brazos de Dios. Porque una vez has empezado a andar con Dios, sólo necesitas seguir caminando con él, y toda la vida se convierte en una larga y maravillosa caminata.”

Etty era una imagen viva y genuina de la declaración del salmista: “En el día que temo, yo en ti confío. ¿Que puede hacerme el hombre?” ¡Qué poderoso aliento para una persona atacada por el temor! El apóstol Pablo, también producto de su propia experiencia, muchos siglos antes escribió en su carta a los Romanos: “¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8:31).

Lamentablemente en ocasiones nos olvidamos de Dios y ponemos nuestra confianza en alguna persona, a la cual consideramos capacitada para ayudarnos a resolver nuestro problema. En este aspecto la Biblia nos advierte de la siguiente manera: “Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y su corazón se aparta de Jehová. Será como un arbusto en el desierto, y no verá cuando viene el bien. Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas.” (Jeremías 17:5-8). No hay dudas de que Dios puede usar a alguna persona para que nos ayude en medio de una difícil situación, pero nuestra confianza debe ser depositada totalmente en las manos de nuestro Padre celestial. Él sabe exactamente qué debe hacer y tiene el poder para hacer lo que sea necesario para sacarnos en victoria de la prueba.

¿Acaso te encuentras en una situación que te llena de temor? ¿Sientes que no puedes hacer nada para defenderte? Medita en esta enseñanza y confía plenamente en el Dios todopoderoso. Repite como el salmista, creyéndolo en tu corazón: “Esto sé, que Dios está por mí.” Él no le falló a David, ni al apóstol Pablo, ni a Etty Hillesum, ni te va a fallar a ti si tú pones en él toda tu confianza.

ORACION:
Bendito Padre celestial, confieso que me agobian las circunstancias, tengo miedo y no sé que hacer. Por favor, aumenta mi fe para que yo pueda confiar totalmente en ti y con toda seguridad declarar que si tú eres por mí, entonces no hay nada ni nadie que pueda estar contra mí. En el nombre de Jesucristo, Amén.