Marzo 2019
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No permitas que nada te robe el gozo Enviar esta meditación

Filipenses 4:4-7
“Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”


Este pasaje es parte de una carta que escribió el apóstol Pablo a los creyentes de Filipos. Cuando él escribió esta carta estaba preso en una cárcel en Roma, rodeado de incomodidades, pasando hambre, siendo humillado y torturado y, lo más probable, esperando ser ejecutado en cualquier momento. Su fe en Dios le permitía aun en esas condiciones alentar a aquellos que lo necesitaban. Los filipenses estaban al comienzo del camino cristiano y sin lugar a dudas les esperaban días difíciles, llenos de peligros y persecuciones. Esta era la norma en aquellos tiempos para todos los que decidían aceptar a Jesucristo como salvador. No era nada fácil, ellos lo sabían tan bien como Pablo su padre espiritual. Por eso él les dice: “Regocijaos en el Señor siempre.” Y seguidamente repite: “Otra vez digo: ¡Regocijaos!” Es como si hubiera hecho una pausa y de repente se presentara ante su mente el cuadro de todo lo que iba a suceder. Como si les dijera: “Yo sé que les esperan pruebas difíciles, pero aún así les digo: ¡Regocíjense en el Señor!” Considerando esas terribles expectativas Pablo los exhorta a no afanarse sino a estar alegres, a regocijarse.

Este gozo tiene su fuente en la continua presencia del Señor y no depende de las circunstancias externas. Por eso Pablo les aconseja que oren y den gracias a Dios, y les asegura que sus corazones y sus mentes serían llenos de "la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento." No es posible humanamente entender como podemos sentir paz en medio de las dificultades, pero en esta misma carta Pablo declara en pocas palabras la razón de su seguridad y su tranquilidad en medio de su prueba. “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”, dice Filipenses 4:13. Este es el secreto de la paz y el gozo a los que se refiere Pablo en su carta.

Podemos tener la seguridad de que nuestro Señor está cerca y escucha nuestras oraciones pues él lo prometió a sus discípulos antes de ascender al cielo. Allí les dijo: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” (Mateo 28:20). Él está con nosotros tanto los días prósperos y felices como los días de adversidad y dolor. Esta es la razón por la que el cristiano nunca debe perder su gozo, simplemente jamás puede perder a Jesucristo. Es lamentable que no tengamos siempre presente este principio, y por lo tanto permitamos al enemigo robarnos este precioso regalo de Dios.

En su libro "Sonríe otra vez", Charles Swindoll sugiere que hay tres "ladrones de gozo": la preocupación, el estrés y el temor. El define la preocupación como "una ansiedad excesiva acerca de algo que puede ocurrir o no" (y por lo general no ocurre). El estrés, dice el autor, es "una tensión intensa por una situación que no podemos cambiar ni controlar" (pero Dios sí puede). Y el temor, según Swindoll, es una "terrible inquietud sobre el peligro, el mal o el dolor" (y lejos de mejorar la situación aumenta nuestros problemas). Swindoll dice que para resistir estos "ladrones de gozo" debemos abrazar la misma confianza que Pablo expresó en su carta a los filipenses, a los cuales exhortó a no estar afanosos sino a orar en todo momento.

Sea lo que fuere que te cause preocupación, estrés o temor ponlo delante del Señor en oración y él se hará cargo de ello. Con esta confianza podemos empezar cada día sabiendo que él siempre está en control. Debemos dejarlo todo en sus manos, con absoluta confianza y su Santo Espíritu producirá en nosotros paz y gozo, cualesquiera sean las circunstancias a nuestro alrededor.

Resiste esos "ladrones de gozo" renovando tu confianza en Dios cada mañana. Luego, relájate y regocíjate. No olvides que el verdadero gozo viene del Señor, y es profundo y permanece aun en los momentos difíciles de la vida.

ORACION:
Padre Santo, ayúdame a discernir que detrás de cada evento o circunstancia de la vida está el control de tu poderosa mano. Quiero confiar en ti de todo corazón para que nada ni nadie pueda robarme el gozo de tu Espíritu. En el nombre de Jesús, Amén.