Marzo 2019
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Cómo alcanzar la visión perfecta Enviar esta meditación

Marcos 8:22-26
“Vino luego a Betsaida; y le trajeron un ciego, y le rogaron que le tocase. Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo. El, mirando, dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan. Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos. Y lo envió a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea.”


En su libro “An Anthropologist on Mars” (Un Antropólogo en Marte), Oliver Sacks cuenta de un hombre llamado Virgilio, el cual era ciego desde muy temprana edad. Después de décadas viviendo en la oscuridad de su ceguera, este hombre se sometió a una cirugía y recuperó la capacidad de ver. Pero al principio, al igual que el ciego del pasaje de hoy, Virgilio tenía dificultades para ver. Aunque podía discernir el movimiento y el color no podía sincronizar las imágenes de manera que tuvieran sentido para él. Por un tiempo su conducta siguió siendo la misma que cuando no podía ver hasta que finalmente recuperó la vista totalmente. El autor del libro comenta: “Uno debe morir como ciego para nacer de nuevo como vidente. El proceso intermedio es, por regla general, sumamente difícil.”

En nuestra vida espiritual pasamos por un proceso similar a este. Antes de conocer a Cristo somos “ciegos espirituales”, es decir somos totalmente incapaces de ver la verdad de Dios. Al aceptar a Jesucristo como Salvador comienza un proceso de transformación interna que lleva a cabo el Espíritu Santo. A este proceso se refirió Jesús al contestar la pregunta que le hiciere un fariseo llamado Nicodemo: "De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios." (Juan 3:3-5). Y el apóstol Pablo escribe en su segunda carta a los corintios acerca del resultado de este proceso en la vida del creyente. Dice 2 Corintios 5:17: "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas."

En su primera carta a los expatriados de la dispersión el apóstol Pedro escribió lo siguiente: "Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia, nos hizo renacer para una esperanza viva por la resurrección de Jesucristo de los muertos." (1 Pedro 1:3). Así como Cristo resucitó, también nosotros hemos pasado de muertos a vivos en el aspecto espiritual. Cuando permitimos al Espíritu Santo hacer su obra de transformación en nuestras vidas la ceguera espiritual será cosa del pasado y aprenderemos a ver al Señor claramente.

2 Reyes capítulo 6 nos cuenta acerca de una situación muy difícil en la que se encontraba el profeta Eliseo. El ejército sirio con sus carros y gente a caballo tenía rodeada la ciudad donde él estaba con el fin de apresarlo, y no parecía que él tuviese escapatoria alguna. Sin embargo, con sus ojos espirituales Eliseo pudo ver lo que otros no veían y estaba tranquilo y confiado. Por eso cuando su criado con temor le dijo: "¡Ah, señor mío! ¿Qué haremos?" (v.15), Eliseo le contestó: “No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos.” Entonces le pidió a Dios que abriera los ojos del criado, y este pudo ver con claridad los ejércitos celestiales entre ellos y los enemigos. Y el miedo desapareció.

El pecado ciega, pero la gracia de Dios restaura la visión. Pidamos a Dios cada día en el mismo espíritu con que lo hizo el salmista en el Salmo 119:18: “Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley.” Así dice la letra de una preciosa canción:

Abre mis ojos oh Cristo
Abre mis ojos te pido
Yo quiero verte…
Yo quiero verte…

Y contemplar tu majestad
Y el resplandor de tu Gloria
Derrama tu amor y poder
Cuando cantamos Santo, Santo...

Santo, Santo, Santo…
Yo quiero verte.

ORACION:
Gracias, Padre celestial, porque la victoria de tu Hijo en la cruz me ha librado del poder del pecado y de la ceguera espiritual. Permite que tu Santo Espíritu me dé la visión para poder ver las maravillas de tu reino y vivir una vida totalmente victoriosa. En el nombre de Jesús, Amén.