Marzo 2019
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¿Cómo es tu relación con el Señor? Enviar esta meditación

Juan 15:1-11
"Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido."


Vivimos en un mundo en el que día tras día leemos en los periódicos o vemos en la televisión noticias de asesinatos, violaciones, robos a mano armada, abusos de niños y tantas otras maneras en las que el dolor y el sufrimiento llegan de pronto a una familia. Muchas veces cuando la prueba llega inesperadamente nos sacude de tal manera que nos sentimos desfallecer, nos parece que la carga nos “aplasta” y realmente no sabemos qué hacer.

En esos momentos debemos recordar las palabras de Jesús en Juan 16:33: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” Jesús nunca prometió a sus discípulos que no tendrían problemas en la vida. Todo lo contrario, les habló exactamente lo que es la realidad en este mundo de pecado y de maldad en el que vivimos. Con seguridad encontraremos pruebas y sufrimientos en nuestras vidas pero sabemos que si confiamos en el Señor, que ha vencido al mundo, él nos levantará en victoria por sobre todos los obstáculos que se presenten. Sólo tenemos que confiar en él. Pero esto solamente podremos lograrlo si llegamos a conocerlo profundamente por medio de una íntima relación con él.

En el pasaje de hoy Jesús usa la analogía de la vid y los pámpanos para hablarnos del tipo de relación que él desea tener con nosotros. Estos pámpanos o ramas obtienen el alimento que necesitan a través del tronco de la vid, el cual a su vez lo adquiere del suelo. Si las ramas son arrancadas de la vid no pueden alimentarse y por lo tanto mueren. Es imprescindible que las ramas permanezcan unidas al tronco para que produzcan frutos. Basado en ese concepto, el Señor nos dice: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.” Así es de importante nuestra relación con Cristo. Separados de él nada bueno podemos hacer, no seremos capaces de producir los frutos que se supone produzcamos, no tendremos fuerzas para luchar en la vida, viviremos en un estado constante de incertidumbre, de frustración y de tristeza.

Jesús concluye este pasaje diciendo: “Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.” Pero... ¿es posible sentir gozo aún en momentos difíciles? ¿Es posible tener paz en medio de la prueba? Por supuesto que sí. Pero es necesario permanecer en el Señor y que sus palabras permanezcan en nosotros. ¡Diez veces usa Jesús el verbo “permanecer” en este pasaje! ¿Y qué es permanecer en el Señor? Es mantenerse en íntimo contacto con él, leer su palabra, pasar tiempo en oración, obedecerle, servirle, mostrarle nuestro amor. Es establecer con él una relación tan íntima como la vid y los pámpanos.

Si quieres vivir en victoria tienes que permanecer en el Señor. No hay otra alternativa. Busca su rostro en oración y pasa tiempo meditando en su palabra cada día por el resto de tu vida.

ORACION:
Padre santo, reconozco que necesito de ti tanto como las ramas necesitan del tronco principal. Necesito tu paz, tu gozo, tu protección. Necesito tu presencia poderosa en mi vida. Por favor ayúdame a estar constantemente consciente de mi dependencia de ti. En el nombre de Jesús, Amén.