Marzo 2019
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¿Quién controla tu lengua? Enviar esta meditación

Proverbios 12:17-25
“El que habla verdad declara lo que es justo, pero el testigo falso, falsedad. Hay quien habla sin tino como golpes de espada, pero la lengua de los sabios sana. Los labios veraces permanecerán para siempre, pero la lengua mentirosa, sólo por un momento. Hay engaño en el corazón de los que traman el mal, y gozo en los consejeros de paz. Ningún daño sobreviene al justo, mas los impíos están llenos de pesares. Los labios mentirosos son abominación al Señor, pero los que obran fielmente son su deleite. El hombre prudente oculta su conocimiento, pero el corazón de los necios proclama su necedad. La mano de los diligentes gobernará, pero la indolencia será sujeta a trabajos forzados. La ansiedad en el corazón del hombre lo deprime, mas la buena palabra lo alegra.”


Se estima que una persona conversadora puede hablar más de veinte mil palabras al día. Pero sea poco o sea mucho lo que hablamos, la pregunta importante es: “¿Cómo afecta a los demás lo que hablamos?” Las palabras que salen de nuestras bocas pueden tener consecuencias positivas o negativas. ¿Puedes recordar alguna ocasión en la que dijiste algo en un momento inoportuno que te causó problemas y sufrimientos? Lo más probable es que éstos no hubieran sucedido nunca si hubieras pensado por un momento antes de hablar.

Una pequeña historia cuenta que un filósofo griego pidió a su sirviente que le cocinara el mejor plato posible. El sirviente, que era muy sabio, preparó un plato de lengua diciendo: "Es el mejor plato de todos, porque nos recuerda que podemos usar la lengua para bendecir y expresar felicidad, disipar la tristeza, eliminar la desesperación y propagar aliento." Posteriormente, al sirviente le pidieron que cocinara el peor plato posible. Y otra vez preparó un plato de lengua diciendo: "Es el peor de los platos porque nos recuerda que podemos usar la lengua para maldecir y romper corazones, destruir reputaciones, crear contiendas y poner a las familias y las naciones en guerra."

Una vieja oración ruega lo siguiente: "Señor, permite que mis palabras sean dulces y tiernas, no sea que mañana yo tenga que comérmelas." ¡Cuántas veces hemos pronunciado palabras que más tarde, por una u otra razón, nos hemos arrepentido de haberlas dicho! Ciertamente es muy posible que tengamos que "comernos” nuestras palabras con bastante frecuencia mientras no aprendamos a dejar de decir cosas de las que después nos gustaría retractarnos. Hay que tener mucho cuidado con la lengua. La Biblia nos advierte acerca del poder de la lengua en Santiago 3:4-5. Dice: “Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!” Debemos vivir conscientes del poder que tiene la lengua tanto para construir como para destruir.

En el pasaje de hoy, Salomón escribió: “Hay quien habla sin tino como golpes de espada, pero la lengua de los sabios sana.” Es decir, la lengua puede golpear y hasta matar como una espada o puede traer sanidad física, mental y espiritual como buena medicina. Dice también este pasaje: “Hay engaño en el corazón de los que traman el mal, y gozo en los consejeros de paz.” Un corazón engañoso siempre manifestará maldad y producirá palabras ofensivas, pero un corazón lleno del amor del Señor dará lugar a palabras de paz, de gozo y de aliento. De acuerdo al contenido de nuestro corazón así será la manera en que hablamos y como actuamos. Por eso Jesús dijo que “de la abundancia del corazón habla la boca.” (Mateo 12:34).

¿Hablas tú palabras de enfermedad o palabras de salud? ¿Eres capaz de expresar amor y afecto a los que te rodean cuando les hablas? Si quieres que tus palabras edifiquen a las personas y no las destruya, llena tu corazón de la Santa Palabra de Dios, medita en ella y ora día tras día pidiendo al Señor que su Santo Espíritu controle tu lengua.

ORACION:
Padre Santo, te ruego me des sabiduría para medir mis palabras antes de que salgan de mi boca. Que mi lengua sea controlada por tu Santo Espíritu y que todo lo que yo hable glorifique tu nombre. Por Cristo Jesús, Amén.