Marzo 2018
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Hebreos 10:35, 36
“No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.”


Este pasaje de la Epístola a los Hebreos consta de tres aspectos o pasos fundamentales que es necesario llevar a cabo para conseguir el fin que deseamos en la vida. Este fin o propósito es “obtener la promesa.” Esto es sinónimo de triunfo, de victoria, de recompensa. Significa vivir la vida en abundancia que Dios ha prometido para aquellos que le aman y le obedecen, y al partir de este mundo vivir junto a él por toda la eternidad. Esta debe ser la meta de todo cristiano.

El primer paso que menciona el pasaje es la "confianza" en Dios. El autor de esta carta exhorta a sus lectores a que no pierdan esta confianza aunque estuviesen pasando por pruebas y persecuciones por haber profesado su fe en Cristo. Esta confianza es absolutamente necesaria para obtener la recompensa. Jesús advirtió a sus discípulos: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33). En otras palabras: "Cuando lleguen la prueba y la adversidad, no se desesperen, confíen en mí y yo los guiaré al triunfo." Si ponemos nuestra confianza en el Señor, él nos llevará a la meta, “al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”, como dice Filipenses 3:14.

El segundo paso que menciona el pasaje es la "paciencia." Ciertamente se nos pide algo para lo cual nuestra naturaleza humana no está preparada, pues por regla general somos muy impacientes. Más adelante en esta misma Epístola a los Hebreos el autor menciona de nuevo la paciencia al comparar la vida del cristiano con una carrera. Dice Hebreos 12:1-2: “Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe.” Poner los ojos en Jesús significa hacerlo a él el foco central de nuestras vidas. Es fijar nuestra mirada en él y no en las circunstancias que nos rodean. Es confiar en el Señor en todas las situaciones que puedan presentarse ante nosotros, por negativas y difíciles que estas sean.

Si actuamos de esta manera aun en medio de las pruebas, el resultado será la tan preciada "paciencia." Esto escribió el apóstol Santiago: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.” (Santiago 1:2-4). La paciencia tiene un propósito: que lleguemos a ser “perfectos y cabales”, es decir que maduremos espiritualmente hasta llegar al punto en que seamos capaces de obedecer, y “habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengamos la promesa.”

Este es precisamente el tercer paso: Hacer la "voluntad" de Dios. A través de toda la Biblia vemos de manera clara esta relación entre nuestra obediencia y las bendiciones que recibimos del Señor. En el libro de Éxodo, por ejemplo, mientras los israelitas se dirigían a la tierra prometida, después de haber sido liberados de la esclavitud en Egipto, Dios les habló por medio de Moisés y les presentó una serie de leyes y mandamientos que ellos debían seguir en el nuevo hogar que les esperaba. También les prometió un sin número de bendiciones que les permitirían disfrutar de una vida llena de paz y felicidad. Entonces les dijo: “Si en verdad hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.” (Éxodo 23:22).

La obediencia es el producto de un proceso de transformación que se lleva a cabo en nuestras mentes, nuestros corazones y fundamentalmente en nuestros espíritus, pues nuestra naturaleza humana nos impulsa a desobedecer, y tendemos a hacer lo contrario, es decir lo que nosotros deseamos hacer, no lo que Dios quiere que hagamos. A medida que busquemos una comunión más íntima con el Señor, seremos más pacientes, nuestra fe será fortalecida y nos esforzaremos más tratando de hacer la voluntad de Dios. Como resultado disfrutaremos de sus infinitas bendiciones.

ORACION:
Padre santo, ayúdame a seguir los pasos que me muestra tu palabra. Aumenta mi fe y dame la paciencia y la fuerza que necesito para mantenerme firme aun en medio de las pruebas, y así disfrutar de tus promesas. En el nombre de Jesús, Amén.