Marzo 2018
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¿Tienes tú el carácter de siervo? Enviar esta meditación

Filipenses 2:1-8
“Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”


Una de las características del ser humano que más se pone de manifiesto en el diario vivir es la falta de amor de los unos por los otros. En mayor o menor grado el egoísmo controla casi todas nuestras actitudes y nuestras acciones. Lo podemos ver en la constante agresividad de los choferes tratando de adelantarse a los demás en medio del tráfico o en el intento de posesionarse del único estacionamiento disponible en un momento determinado. Se manifiesta en la deshonesta intención de algunos de “colarse” en una fila sin importarles que los que están allí quizás lleven mucho tiempo esperando su turno. Podemos verlo en el deseo de ascender en el trabajo a cualquier costo sin importar si los demás compañeros se perjudican. Es también evidente en la falta de consideración de muchos con las personas mayores y con los incapacitados, y en tantas otras cosas que denotan falta de amor y compasión.

Nada de esto veríamos si nos amáramos los unos a los otros, pues entonces desearíamos el bien de los demás antes que nuestro propio beneficio. En el pasaje de hoy, el apóstol Pablo exhorta a la iglesia de Filipos a que vivan en amor y que no hagan nada por contienda o por vanagloria sino más bien con humildad, “estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio.” Claro que no es nada fácil considerar a alguien superior a uno mismo, pues nuestra naturaleza carnal nos impulsa a actuar de manera contraria, es decir a sobre estimarnos. Es imprescindible una gran dosis de humildad, la cual tiene que venir de una fuente sobrenatural no de nosotros mismos. Tiene que haber en nosotros el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús, “el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo”, continúa diciendo Pablo.

Sería maravilloso que en nosotros hubiese "este sentir que hubo también en Cristo Jesús", pero lamentablemente esto no nace de nuestra naturaleza humana, sino que debemos tratar lo más posible de actuar como actuó Jesús. “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo”, escribió Pablo en su carta a los Corintios. Si nosotros imitáramos la manera en que Jesús vivió, el mundo sería totalmente diferente. Si fuésemos humildes como él fue, si tuviésemos el carácter de siervo que él tuvo, seríamos capaces de amar, de servir a los demás y sentir compasión por ellos como él lo hizo. Esto es imposible para nosotros, pero es totalmente posible para el Señor. Hagamos nuestra la declaración de Pablo en su carta a los Filipenses: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (Filipenses 4:13), y vivamos una vida en la cual el Espíritu Santo controle nuestras acciones. Entonces el carácter de Jesucristo se manifestará en nosotros y seremos capaces de imitar su comportamiento.

Al pensar en lo que el Hijo de Dios dejó para venir a esta tierra, y la manera en que se humilló a sí mismo llegando a dar su vida en la cruz por nosotros, deberíamos sentir la motivación de imitarlo tratando a los demás con amor y humildad, y hasta considerarlos superiores a nosotros mismos. Esforcémonos en lograrlo buscando el rostro del Señor en oración cada día y leyendo Su Palabra, meditando en ella y haciendo todo lo posible por aplicarla a nuestras vidas.

ORACION:
Padre celestial, te ruego me ayudes a actuar con amor y compasión hacia los demás. Dame el carácter de siervo de tu Hijo para que yo pueda humillarme, y que tu amor y tu misericordia se manifiesten a través de mí. En el nombre de Jesús, Amén.